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¿Quién sentó a Calderón en Los Pinos? ¿Los votos? ¿El acuerdo PRI-PAN? ¿Las cúpulas empresariales? ¿El duopolio de la tv? ¿O todos ellos, salvo los votos?
 
Articulos de Interés
-¿Qué familia festejamos?
-Nadie acepta la paternidad del pacto secreto
-De Pinocho a Pinochet
-Acuerdos, traiciones y deterioro
-Ahmadinejad denuncia que el 11 de septiembre fue una gran fabricación
 
-Tiempos y trabajos desde la experiencia femenina
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-Discriminación en el IMSS
 
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-Los peligros que nos amenazan
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-La generación de la desfachatez
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-Calderón en su laberinto
-Avances y simulaciones
-El gasolinazo del sábado
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¿Qué familia festejamos?
Nora Patricia Jara

Luego de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, gobierno, asociaciones civiles, empresas, iglesias y medios de comunicación celebran a la familia en años recientes. Se organizan campañas mediáticas, actividades y convivencias para fortalecer a la familia como base de la sociedad, según dijo a este diario Salvador Villalobos, presidente ejecutivo del Consejo de Comunicación. ¿Pero, qué tipo de familia festejamos, que se relega a un segundo plano una fecha fundamental como el 8 de marzo?

En nuestro país el concepto familia es patriarcal y se remonta a la época prehispánica. Narra el historiador francés Jacques Soustelle que el sistema matrimonial, primer paso social para formar una familia, era una especie de transacción entre la monogamia y la poligamia, ya que si bien sólo había una esposa legítima, se acostumbraban las concubinas y se ponía gran amor e interés en cuidar a los hijos, producto de la unión entre un hombre y una mujer, mediante un ceremonial que legitimaba una estructura y un ambiente bajo la jerarquía del jefe de familia, en la que el padre organizaba los casamientos y la vida de sus mujeres y los hijos, suyos o adoptados. Estas familias como las de otras civilizaciones eran numerosas, agrarias y multinacionales, sus miembros se sometían a severas reglas para mantener una convivencia que sostenía la cohesión social, convirtiéndose en un ideal, como señala Francis Merril, sociólogo estadunidense, quien advierte que apartarse de dicho sistema, se consideraba un grave problema social, por lo que el Estado se convierte en su regulador y la define como la base de la sociedad.

Fue en la Revolución cuando se iniciaron las primeras modificaciones al Código Civil para regular los matrimonios y se dejó atrás el control que tenía la Iglesia en la Colonia sobre el acto que ofrece estatus jurídico y patrimonial a las parejas que lo llevan a cabo. Luis Cabrera, abogado y periodista, cuenta que las leyes revolucionarias encontraron que la mayoría de los mexicanos eran campesinos y trabajadores desheredados, por lo que se propusieron redimir a la mujer-esclava y dar protección a los hijos naturales que eran más que los hijos legítimos.

La reorganización familiar comenzó con reformas a las instituciones sociales, el presidente Venustiano Carranza señaló su objetivo: el matrimonio debe reglamentarse en forma que asegure los intereses de la especie humana, pues la familia es la base de la sociedad.

Las modificaciones al Código Civil de 1928 que establecen la igualdad jurídica entre consortes y reconocen la legitimidad de los hijos fuera del matrimonio, prevalecen hasta ahora, a excepción del Distrito Federal que amplía el concepto al legislar en favor de los derechos de las mujeres, fundamentar las uniones de convivencia y otorga estatus legal a los matrimonios del mismo sexo, acciones que reflejan los cambios de la estructura familiar convencional debido a que las mujeres trabajan, o son jefas de sus hogares, que pueden integrarse con miembros sin lazos consanguíneos y deciden su maternidad.

El sociólogo inglés Robert M. Mac Iver escribió a finales del siglo antepasado que durante su existencia la familia se va integrando por sí misma y por las transiciones más difíciles, lo que implica una continua transformación, tanto de sus intereses como de sus bases emocionales, un constante cambio…

La evolución de la familia nuclear ha sido anunciada por pensadores contemporáneos como Alvin Toffler quien advierte que su fuerza transformadora en los próximos decenios será la nueva tecnología de la generación. Ya que son una posibilidad predeterminar el sexo del hijo o hija, incluso programar su índice de inteligencia y personalidad.

Incluso europeístas como Jacques Attali señalan radicalmente que el hecho de que las mujeres puedan ahora tener hijos por inseminación artificial hará que los hombres se vuelvan dispensables, si éstos no se adaptan a una nueva realidad. Qué razón tenía Octavio Paz cuando escribió en La llama doble que las reglas e instituciones destinadas a domar el sexo son numerosas, cambiantes y contradictorias.

 
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México SA
Nadie acepta la paternidad del pacto secreto
Pastelazos de boñiga entre la pérfida clase política
Carlos Fernández-Vega

Mientras la pérfida clase política cierra filas para protegerse de las fechorías por ella cometidas (entre ellas, de manera destacada, mayores impuestos, precios y tarifas del sector público a los de siempre, a cambio de inmunidad electoral para el nene engominado del Edomex), los mexicanos de a pie ya no sienten lo duro ni lo tupido, sino lo constante del atraco de que son víctimas por parte de las bandas organizadas que se dan vuelo desde las más altas esferas del poder político. Bien han señalado algunos que por mucho menos de lo que aquí se han comido funcionarios, legisladores y dirigentes partidistas, sus pares en países medianamente civilizados, y con una democracia no tan tonta que la mexicana (Lujambio dixit) ya hubieran mordido el polvo y ganado boleto para instalarse en cualquier residencia del sistema penitenciario.

Pero aquí no pasa nada, aquí la clase gobernante puede cometer cualquier barbaridad y nada sucede, nada cambia y nadie sabe nada. Bastaría con citar el caso de los 49 niños muertos en la guardería ABC de Hermosillo y el obsceno cinismo de Juan Molinar Horcasitas (y el no menos impúdico de Eduardo Bours), quien cabildea comparecencias a modo para que este tema no se toque, y los inquilinos de San Lázaro lo aceptan, tal vez por la existencia de otro pacto oculto. Lamentablemente el inventario es por demás abultado y se mantiene en ascenso. Para ir a lo inmediato, a los mexicanos les clavaron un puñal fiscal y tarifario tamaño lesa progenitora, con el pretexto de fortalecer las finanzas públicas, cuando en realidad los aumentos de impuestos, la creación de otros, los incrementos de precios y tarifas del sector público fueron resultado de un pacto secreto (que obviamente ya no lo es) entre el gobierno calderonista y las cúpulas panista y priísta que sólo a ellos benefició.

Por enésima ocasión los mexicanos son obligados a cargar con el costo de los errores, excesos y perversidades de la clase política, sin tener siquiera el derecho de saber de parte de quién, pues los motivos reales se negociaron en lo oscurito y resultaron totalmente en contra de los intereses de esos cargadores. Pero una vez encuerados, resulta que el inquilino de Los Pinos no sabía lo que hacía su secretario de Gobernación, con lo que, de entrada, tendría que hacer maletas y retirarse a Cotija, con los suyos; los diputados panistas, con la siempre cursi Josefina Vázquez Mota a la cabeza, no sabían lo que hacía su dirigente partidista, también ocupante de una curul, de tal suerte que deberían ir de viaje con Calderón; con la cara más dura, César Nava dijo, urbi et orbe, que no firmó documento alguno con el PRI, para poco después reconocer que sí firmó lo que no había firmado, pero que lo hizo –desvergüenza pura– por el bien del país; Beatriz Paredes, la experimentada política tricolor que ha demostrado una candidez brutal, salió a decir lo mismo, en igual orden, con el agravante de que su firma apareció plasmada en el documento de marras, justo a un lado de la rúbrica de Nava, ambas escritas líneas arriba de la de Fernando Gómez Mont (que no informó al que debe irse a Cotija) y de Luis Enrique Miranda Nava (el achichincle de Enrique Peña Nieto, personaje éste que no sabía el toma y daca de la ley de ingresos y el pacto electoral); los curtidos y colmilludos legisladores priístas no sabían lo que hacía su presidenta de partido ni su adelantado candidato a Los Pinos, ni que negociaba acuerdos electorales, y mucho menos con quién. Y en medio de los pastelazos de boñiga, el patiño Chucho Ortega que ante el IFE denuncia a la citada banda de rufianes, pero de ninguna manera se aparta de las alianzas con los blanquiazules, porque se fortalecería el PRI. Patético espectáculo de los payasitos de la polaca.

Por si fuera poco, vale recordar que inquilino de Los Pinos, secretarios de despacho, dirigentes partidistas, legisladores y demás involucrados en esto de los pactos y las alianzas permanentemente gozan de grueso financiamiento público para cometer todo tipo de tropelías y atrocidades en contra de quienes –no por gusto– les pagan hasta el último centavo de sus abultados sueldos, prestaciones y canonjías, es decir, los mismos a quienes con el pretexto de fortalecer las finanzas públicas les clavaron la puñalada fiscal y el atroz incremento de precios y tarifas del sector público (a nivel federal y estatal). Pero nadie sabía nada, a todos les pasó de noche el pacto sin paternidad, porque ahora nadie quiere asumirla, según dicen los participantes en el estercolero, de tal suerte que, dando credibilidad a su desconocimiento de los hechos, a la de ya tendrían que dejar los huesos y viajar en paquete a Cotija, porque ni para la grilla sirven. Ahora que si tal justificación es falsa, de todas maneras tendrían que irse todos a ese sitio.

En el colmo del cinismo, el comité ejecutivo Nacional del PAN, que no sabía en qué estercolero se había metido Cesar Nava, decidió respaldar a nuestro presidente del partido y expresar su respaldo a los grupos parlamentarios y a sus coordinadores para sacar adelante las reformas que requiere el Estado mexicano; manifiesta su respaldo absoluto al presidente del partido, César Nava Vázquez, en todas las negociaciones por venir con otras fuerzas políticas así como con el gobierno mismo, con la convicción de que lo hará siempre pensando en el bien del partido y en el bien del país. Y en la tienda de enfrente, una indignada Beatriz Paredes exigió no especular ni descalificar el documento en el que sólo se buscó la civilidad electoral.

Pues bien, es esta misma banda de cínicos la que promete sacar a México del atolladero.

Las rebanadas del pastel

Lo que no admite justificaciones ni pretextos es el sostenido avance de la inflación, producto, en buena medida, de los aumentos referidos líneas arriba. En febrero pasado se registró el mayor aumento de precios para un mes igual desde que Calderón se instaló en Los Pinos, y el más elevado desde 2004, al tiempo que resultó casi tres tantos superior al de igual lapso de 2008. Al cierre del segundo mes del año el índice general trepó a 4.83 por ciento y el de la canasta básica de consumo a 4.91 por ciento.

 
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Astillero
De Pinocho a Pinochet
Aplausos a la mentira
Y siguen las alianzas
AMLO en Foro W
Julio Hernández López
Foto

EXIGEN QUE EL EJÉRCITO SALGA DE CIUDAD JUÁREZ. Luz María y Patricia Dávila, madre y tía de dos de los jóvenes asesinados recientemente en Ciudad Juárez, Chihuahua, y Daniel Miranda (atrás, de saco), hermano de Hugo y José Miranda, victimados en 2008, acudieron ayer al Senado de la República para exigir la salida del Ejército y que cese la violencia en esa ciudad fronterizaFoto Yazmín Ortega Cortés

El duelo de pistoleros cínicos confirma que se vive en tierra sin ley, como si a fin de cuentas la exhibición de esas vergüenzas políticas fuera un método de exploración extrema que permitiera confirmar que en esta patria nuestra todo se puede hacer sin que nada pase.

Allí está la lideresa formal del PRI peñanietista convertida en heroína de circunstancias inmorales, aplaudida y felicitada por sus compañeros de banca, en una reproducción menor de aquella escena de envilecimiento que en 1968 llevó a los diputados del poder a ovacionar de pie al héroe de Tlatelolco. Beatriz Paredes victoriosa en el concurso de mentiras, arguyendo la misma treta letrista que antes había usado el jefe Quique, consistente en atenerse a los términos estrictos del convenio delatado, como si no hubiera habido la contraprestación específica del apoyo, para aumentar impuestos, al calderonismo sin fondos. Miente Calderón al decir que nada sabía de los arreglos que pignoraban al PAN y ciertas alianzas a cambio de ayuda en la extracción fiscal, pero iguales mentiras usan los priístas al tratar de disolver el hecho de que tanto peca el que mata las alianzas como el que le ayuda con los impuestos.

Todo pasa pero nada pasa. Las vísceras del monstruo están expuestas documentalmente por primera vez gracias a la torpeza increíble de los aprendices de mafiosos que aceptaron firmar acuerdos cuando históricamente éstos siempre han sido circunscritos al ámbito de la palabra a respetar. La crudeza de ese pacto debería ser suficiente para que las alianzas de pragmatismo infame cayeran de inmediato, tocadas fatalmente por las evidencias de su sentido dañino para la sociedad, pues difícilmente alguien podría confiar en ese tipo de socios que firman a escondidas compromisos clave para darle continuidad al proyecto priísta de recuperación de Los Pinos cuando supuestamente en otras entidades se está buscando derrotarlo.

Pero los partidos de la presunta izquierda, PRD, PT y Convergencia, siguen adelante en el tejido de sus entendimientos electorales sin principios. El principal personaje ausente de la sesión de ayer en San Lázaro, César Nava, se esmeraba en sus oficinas partidistas en cerrar tratos para postular candidatos con el PRD o con el Dia en Sinaloa y Quintana Roo (por cierto, una piñata del mono de madera, llevada al salón de sesiones de los diputados para tratar de acomodarla en la curul de Nava acabó instalada en el área priísta de curules, en una especie de justicia involuntaria que demostró gráficamente que los dos partidos tienen similar nariz de largura creciente). El mismo día, una fotografía mostraba al Pinocho Blanquiazul en pláticas con Jesús Ortega y Manuel Camacho, decididos todos a seguir adelante con las alianzas perreánicas, haiga pasado lo que haiga pasado.

Pinochos por todos lados. Pero ese pinochismo cabalgante ayuda a consolidar el proyecto de pinochetismo y franquismo que desarrolla el generalísimo Calderón. Instaurar la mentira como mercancía de escaparate que no produce rechazo es una manera de avanzar en el proceso de asumir que la clase política y la política en general no son necesarias y que se pueden tomar medidas excluyentes, autoritarias, si acaso negociadas entre cúpulas, con firma o sin ella. Funcionarios embarrados en asuntos electorales y dirigentes partidistas negociando abstinencias democráticas son inmejorable material para incentivar la decepción colectiva y, con ello, la aceptación de que en ese ámbito sin compostura posible, el de la política, da lo mismo que esté uno u otro, con comicios o sin ellos.

Astillas

López Obrador concurría mientras tanto a un ejercicio de apertura periodística en una estación radiofónica de Televisa, llamado Foro W. Muchas de las preguntas seleccionadas para su contestación por el tabasqueño tenían características comunes, como si hubiera una agenda prestablecida que debiera destacar puntos específicos de los ataques y críticas tradicionalmente usados contra quien nuevamente busca la Presidencia de la República. Sin embargo, López Obrador fue tratado con respeto profesional por los conductores, quienes evitaron mostrarse como otros periodistas electrónicos deseosos de acribillar mediáticamente al invitado. López Obrador comenzó con lentitud, repitiendo las consideraciones que cotidianamente hace en sus giras, pero conforme fue entrando en calor, acicateado por algunas preguntas, pudo desarrollar un discurso más llamativo... Juan Molinar Horcasitas pretendió ayer atenerse solamente a su condición de secretario de Comunicaciones y Transportes para no enfrentar las acusaciones específicas de las muertes de niños en la guardería ABC de Hermosillo. Tuvo, sin embargo, una escenografía que le impidió ignorar el hecho de que se le considera corresponsable histórico de aquel terrible infortunio... La guerra contra el narcotráfico toca a las puertas del Distrito Federal y, a pesar de que luego del asesinato del joven Martí se aseguró que no se volvería al esquema de los retenes, ayer se anunció que la policía capitalina revisará automóviles, según eso, en busca de vehículos robados. Pero la aparición de ejecutados y mensajes en la capital del país parece demostrar que esa vigilancia especial corresponde al conocimiento de que peleas sangrientas pretenden instalarse en el área metropolitana... ¡Al fin Chente pudo ver a una mujer actuando como presidenta de la República! En el programa de simulacros organizado por el Centro Fox fue una pequeña escolar quien fungió como mandataria federal en la réplica del despacho de Los Pinos que el esposo de la señora Marta mantiene en San Cristóbal. Algo es algo... Y, mientras el arzobispo Rogelio Cabrera anunciaba, a nombre del episcopado mexicano, que ya no habrá más arreglos en lo oscurito en materia de pederastia cometida por curas, ¡hasta mañana, viendo cómo avanza la venganza de la superioridad contra la Carpinteyro que tantos enojos le causó en aquellos enredos de Luis Téllez y algunas grabaciones!

 
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Acuerdos, traiciones y deterioro

En la ríspida polémica entre priístas y panistas que tuvo lugar ayer en el pleno de la Cámara de Diputados salió a relucir con claridad la descomposición política e institucional imperante en el país. Como botones de muestra de esas expresiones, cabe destacar la defensa formulada por la dirigente nacional del PRI, Beatriz Paredes Rangel, del acuerdo suscrito el 30 de octubre del año pasado entre ella y el líder nacional del PAN, César Nava. Contrariamente a lo expresado por el panista la semana pasada, la ex gobernadora de Tlaxcala señaló que en dicho pacto no hubo ninguna negociación que vinculara la aprobación de la Ley de Ingresos 2010, ni que vetara las alianzas políticas entre el PAN y el PRD –si bien en el documento se lee que las partes se abstendrán de formar coaliciones electorales con otros partidos políticos cuya ideología y principios sean contrarios a los establecidos en sus respectivas declaraciones de principios–, e indicó que se trató solamente de un acuerdo de civilidad política.

Las declaraciones de Paredes, además de un intento por justificar un pacto impresentable y ominoso para la ciudadanía, constituyen una muestra más del deterioro institucional, la cultura del engaño y la descomposición moral que priva en los partidos en general, y en el PRI en particular. Porque, se haya hecho explícita o no en el referido documento, es innegable la connivencia mostrada por legisladores del tricolor y del blanquiazul durante las negociaciones del paquete económico para este año, que concluyó con un alza generalizada de gravámenes para los contribuyentes cautivos: con ello, el PRI falló a una de sus principales promesas de campaña e incurrió, por tanto, en un acto de traición hacia sus votantes.

Por su parte, César Augusto Santiago, también priísta, con el pretexto de pregonar la pertinencia de esa clase de acuerdos políticos, lanzó un ataque mayor al titular del Ejecutivo federal: “Gracias a uno de esos acuerdos –dijo– está sentado Felipe Calderón en una silla que yo personalmente no acepto”, en referencia a la convalidación, por parte del PRI, del impugnado y dudoso triunfo electoral del michoacano en los comicios de 2006. Pero, al sacar a relucir la falta de legitimidad del gobierno calderonista, implícitamente Santiago descalificó, en conjunto, el proceder de las instituciones –el Instituto Federal Electoral y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación– que dieron por buena una elección viciada y cuestionada por un amplio sector de la ciudadanía, así como el nulo compromiso de su propio partido y de Acción Nacional con el postulado fundamental de la democracia: se llega a los puestos de representación popular por medio de sufragios, no de acuerdos secretos.

No terminan aquí los problemas que el episodio del documento firmado por PRI y PAN genera para el titular del Ejecutivo: si es verdad, como han señalado el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, y el propio Nava, que Calderón no se enteró del acuerdo hasta enero, ello dejaría al descubierto a un gobernante sin subordinados confiables y, lo que es peor, incapaz de ejercer control político alguno en el país. Y si, por el contrario, Calderón conocía esos pactos desde el principio, implicaría que aprobó un acto inescrupuloso y que protagonizó una inadmisible intromisión en los procesos legislativos y electorales. Por decoro institucional, y hasta por conveniencia política, el titular del Ejecutivo federal tendría que ofrecer una explicación de este turbio episodio a la ciudadanía.

En suma, la salida a la luz pública de los acuerdos entre el PRI y el PAN ha significado un deterioro adicional a la credibilidad, de por sí maltrecha, de un gobierno marcado por su déficit original de legitimidad y de una clase política empeñada en repartos de poder y cada vez más alejada de la sociedad. A contrapelo de lo expresado ayer por Paredes Rangel, difícilmente podría imaginarse una manera más eficaz de torpedear el orden democrático y socavar la precaria gobernabilidad en el país.

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Bajo la Lupa
Ahmadinejad denuncia que el 11 de septiembre fue una gran fabricación
Alfredo Jalife-Rahme
Foto
Imagen del ataque a las Torres Gemelas de la ciudad de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001Foto Ap

El presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad juega al ajedrez geopolítico como pocos y cuando menos se esperan sus rivales saca un conejo bajo la manga.

El mismo TheNew York Times reconoce que la oposición iraní, que parecía mas vigorosa en teoría y cuyas legítimas demandas fueron abultadas perversamente por los multimedia israelí-anglosajones, se ha desvanecido.

Dos días después del gravísimo error de cálculo geopolítico –en alcances y coyuntura– del Comité de Relaciones Exteriores del Congreso estadunidense, que votó con la torpeza de un elefante una enmienda contra el genocidio armenio de 1915, perpetrado durante la descomposición del imperio otomano, Ahmadinejad se aprovecha estupendamente del conflicto emocional entre EU y Turquía –único miembro islámico de la OTAN y su segunda fuerza más poderosa en términos de soldados– para lanzar el equivalente retórico a una bomba nuclear: el 11 de septiembre constituyó una gran fabricación que fue usada por EU para justificar su guerra contra el terrorismo global y como preludio para invadir Afganistán (IRNA, 6 de marzo de 2010).

Nada novedoso que antes no haya sido sospechado y sopesado: desde varios exfuncionarios de EU –quienes fustigaron la demolición controlada tanto de las dos Torres Gemelas como de la torre anexa, la 7, (demolida horas mas tarde)–, pasando por el libro clásico La Gran Impostura del autor galo Thierry Meyssan (fundador de Réseau Voltaire), hasta la hipótesis de Bajo la Lupa sobre un montaje hollywoodense.

Más acercan la punta afilada de la espada de Damocles de las sanciones a la cabeza de la teocracia chiíta y más consolida Ahmadinejad su periferia inmediata. Acaba de estar en Siria para sellar el frente común con la guerrilla libanesa chiíta Hezbolá y los guerrilleros palestinos sunnitas de Hamas frente a las amenazas de la enésima guerra regional de Israel desde su creación hace 62 años que vive paranoicamente en guerra permanente contra sus vecinos cercanos y lejanos.

En vísperas de su periplo a Afganistán, el presidente iraní replantea en forma temeraria los atentados terroristas del 11 de septiembre en otra perspectiva diametralmente opuesta a la versión oficial de EU propalada intensivamente por los multimedia israelí-anglosajones y repetida sin el menor juicio crítico, para no decir anencefálicamente, por sus caricaturas tropicales.

Aunque en fechas recientes Turquía se había acercado a Irán y a Siria en forma espectacular, al tiempo que se aleja(ba) de Israel como consecuencia del infanticidio de los palestinos en Gaza (ver Radar Geopolítico, en Contralínea, 1º de novembre de 2009), el pleito inesperado entre Washington y Ankara le cayó como maná divino a Ahmadinejad quien describió el 11 de septiembre como un acto y escenario complicado.

Bueno, pues este escenario fue muy costoso, pues cobró la vida de 3 mil estadunidenses y de varios inmigrantes del estado de Puebla (México), lo cual sirvió de coartada para que el régimen torturador bushiano invadiera Afganistán e Irak, además de colocar al planeta entero en la pesadilla del terror islámico.

Hace dos meses, Ahmadinejad todavía no se atrevía a cruzar el Rubicón retórico cuando fustigó que los ataques del 11 de septiembre habían sido sospechosos y Occidente deseaba dominar Medio Oriente. Tampoco hace dos meses había ocurrido el distanciamiento turco-estadunidense que permite a Ahmadinejad mayor margen de maniobra y le abre un espacio de oxigenación en el Transcáucaso y el mar Negro.

Debka (8 de marzo de 2010), presunto portal de los intensamente vilipendiados servicios de espionaje del Mossad (por enésima vez puestos en la picota por su hazaña extraterritorial de haber asesinado en Dubai al comandante de Hamas, Mahmud al-Mabhuh, mediante el uso de pasaportes diplomáticos británicos), considera que la escalada retórica de Ahmadinejad sobre el 11 de septiembre está diseñada para socavar la legitimidad de la presencia militar de EU en Afganistán ante la opinión pública. Pero, ¿qué opinión pública –ya no se diga la afgana que ha padecido toda clase de invasiones desde el túnel de los tiempos–, está dispuesta a avalar la invasión foránea de la OTAN que encabeza EU?

¿Y a poco la opinión pública afgana, ya no se diga la medio oriental o la asiática en general, se tragó el cuento texano del 11 de septiembre?

¿Considera Debka tan persuasivamente sugestionable, para no decir oligofrénica, a la opinión pública mundial?

Ahmadinejad golpea donde más duele y le quita a EU toda legitimidad, si hubiera, a su presencia militar masiva en Afganistán.

A juicio de Debka, Ahmadinejad tenía dos objetivos cuando su visita a Kabul (la capital afgana) tenía como propósito coincidir con la visita del vicepresidente Joe Biden a Israel.

Según el portal israelí, Ahmadinejad fue obligado a posponer 48 horas su viaje debido a la llegada inesperada del secretario del Pentágono, Bob Gates.

La misión primordial (sic) de Biden (en sincronía con el esfuerzo del enviado estadunidense George Mitchell para revivir las charlas de paz israelí-palestinas) es asegurar que Israel no ejerza su opción militar contra las instalaciones nucleares de Irán de cara al prospecto evanescente de severas sanciones internacionales.

A propósito, el polémico primer ministro israelí Bibi Netanyahu alardea que en la década de los 90 (sic) su padre predijo (¡extra-súper-sic!) los atentados del 11/9 a las Torres Gemelas (Voltaire.net, 8 de marzo de 2010) ¡Que omnisciencia!

El portal galo recuerda que el rotativo israelí Ma’ariv (17 de abril de 2008) reportó que Netanyahu, entonces líder del partido Likud, confesó a los asistentes de la universidad Bar Ilan que los ataque terroristas del 11 de septiembre habían sido benéficos para Israel, pues habían modificado a la opinión pública de EU en su favor ¡Pues sí!

En paralelo, el rotativo del establishment estadunidense, The Washington Post, en su editorial (8 de marzo de 2010), perdió la ecuanimidad al despotricar contra los teóricos lunáticos de la conspiración del 11 de septiembre, con dedicatoria al parlamentario nipón Yukihisa Fujita, acusado de anti-americanismo, y de quien pide la defenestración por haber osado opinar que el 11/9 había sido un gigantesco engaño.

El rotativo oficialista de EU injuria las ideas de Fujita como extrañas, medio-cocinadas e intelectualmente falsas para merecer una discusión seria (sic). ¿Con quien se deben discutir seriamente las dudas sobre la autoría de los atentados del 11/9? ¿Con los multimedia israelí-anglosajones o con los gobiernos de EU e Israel?

Entre las ideas extrañas de Fujita está que fuerzas oscuras con conocimiento previo del complot (sic) apostaron en la bolsa de valores para lucrar ¡Qué idea más extraña!

Otra idea extraña del temerario parlamentario nipón es que 8 de los 19 terroristas se encuentran vivos (¡extra-súper-sic!). Su peor idea extraña: el colapso de la tercera torre 7 se explica por la demolición controlada.

Ni modo, todos los escépticos sobre lo que ocurrió el 11/9, cuya versión oficial no convence ni a los familiares de las víctimas, van a ser vilipendiados como lunáticos (no sus verdaderos autores).

 
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Tiempos y trabajos desde la experiencia femenina

Cristina Carrasco

ECOS CIP Ecosocial


La autora propone una fuerte ruptura conceptual y un cambio de perspectiva con las formas habituales de analizar los tiempos y los trabajos, para superar la identificación de trabajo con empleo. Presenta las bases teóricas para un nuevo paradigma que recupere la experiencia femenina de la vida cotidiana y el cuidado de las personas, que trasciende la economía de mercado y se centra en la sostenibilidad de la vida.


El estudio de la organización y distribución de los tiempos y trabajos en nuestra sociedad exige adoptar una perspectiva que trascienda la mirada masculina habitual y recupere la experiencia femenina de la vida cotidiana y el cuidado de las personas. La experiencia vivida históricamente por mujeres y hombres en relación con el trabajo ha sido absolutamente distinta. Los ciclos de vida de unas y otros han transcurrido por caminos muy diferentes, asumiendo distintas actividades y responsabilidades. Sin embargo, la conceptualización que habitualmente se maneja del tiempo y del trabajo ha estado elaborada desde una cultura patriarcal que ha ocultado las actividades desarrolladas por las mujeres; valorando sólo la actividad socialmente asignada a los hombres: el trabajo de mercado. El resultado ha sido la identificación de trabajo con empleo.

Ahora bien, para satisfacer las necesidades humanas se requieren distintos tipos de trabajos, siendo el más relevante el llamado trabajo doméstico y de cuidados realizado sin remuneración desde los hogares y que tiene que ver básicamente con el cuidado directo de las personas. Pero, la ceguera histórica de la academia y la política ha impedido visibilizar esta actividad y situarla como pieza central de todo el entramado que significa el complejo proceso de reproducción social; a pesar de que desde hace tres décadas, desde el feminismo y el movimiento de mujeres, se ha venido recuperando la experiencia de las mujeres en la vida cotidiana.

En los años sesenta se comienza a debatir la invisibilidad del trabajo doméstico y su papel determinante en la reproducción de la fuerza de trabajo. Posteriormente, después de un largo recorrido conceptual, emerge el “trabajo de cuidados” como la actividad que da respuesta a nuestras dependencias y vulnerabilidad. De forma más reciente y ligada a la idea del trabajo de cuidados, se acuña el concepto más amplio de sostenibilidad de la vida; proceso que hace referencia no sólo a la posibilidad de que la vida continúe, sino a que se desarrolle en condiciones de humanidad.

El objetivo de estas líneas es realizar un breve repaso de este itinerario inacabado que ha llevado a establecer una fuerte ruptura conceptual y un cambio de perspectiva con las formas habituales de analizar los tiempos y los trabajos.

Del trabajo al empleo

Una rápida mirada hacia el pasado nos permite observar que a lo largo de la historia de la humanidad se han desarrollado formas de trabajo absolutamente diversas, bajo distintos marcos sociales, con distintos niveles tecnológicos, realizadas por distintos miembros del hogar, dentro o fuera del ámbito doméstico y con o sin remuneración. De estos distintos tipos de trabajo el que históricamente ha ocupado más tiempo y el que siempre ha acompañado al resto de los trabajos, es el que podríamos denominar en términos genéricos “de subsistencia” y que hoy llamaríamos “doméstico y de cuidados”. Una actividad realizada dentro de grupos reducidos de personas y destinado a satisfacer las necesidades del grupo, su supervivencia y reproducción.

Sin embargo, desde los procesos de industrialización, el concepto de trabajo será secuestrado por la ideología productivista de las sociedades industriales, estableciéndose una identificación entre trabajo y empleo (o autoempleo). A este proceso no son ajenos los pensadores clásicos. La teoría del valor trabajo iniciada por Adam Smith –y continuada posteriormente por David Ricardo y Carlos Marx– según la cual el trabajo (industrial) es la fuente de valor, le dará una gran centralidad al concepto, lo cual facilitará la asociación simbólica entre trabajo y trabajo asalariado. Así, una actividad que constituye un fenómeno minoritario, tanto en tiempo histórico –menos de tres siglos– como en el tiempo que ocupa en relación a otros trabajos hoy se nos presenta como la única que respondería al término de trabajo. De esta manera, la idea de trabajo en sentido amplio –anterior a la industrialización y al capitalismo– como actividad transistémica que se desarrolla de manera continua y que forma parte de la naturaleza humana, queda empobrecida al remitirse o tener como referente la producción asalariada.

Algunas autoras han planteado que el trabajo mercantil ha devaluado la actividad realizada tradicionalmente destinada a la subsistencia y cuidado de la vida al eliminar la relación humana que llevaba incorporada. La monetarización del trabajo distorsionaría su reconocimiento como actividad cuya finalidad es la calidad de la vida humana; convirtiéndolo en una actividad que sólo proporciona dinero para disponer de capacidad de consumo. De aquí, el empleo sería un “trabajo empobrecido”.

En cualquier caso, el resultado ha sido que, desde los pensadores clásicos, las distintas escuelas de economía –aunque con diferencias entre ellas– se han caracterizado siempre por excluir de sus cuadros analíticos los procesos de reproducción social y los trabajos absolutamente necesarios para la sostenibilidad de la vida humana o para la cohesión social, centrándose exclusivamente en el estudio de la producción de mercado. Así, desde los orígenes de las sociedades industriales, el empleo ha sido concebido como la actividad central de la vida, determinando los horarios, las jornadas y la vida de las personas.

La visibilización del trabajo doméstico

Las discusiones en torno al trabajo doméstico –aunque con antecedentes más tempranos– se inician en los años setenta. Lo significativo de aquellos primeros debates fue el intento de valorar la actividad desarrollada en los hogares utilizando las categorías que Marx había construido como propias del trabajo asalariado. Se argumentaba que el trabajo realizado en el hogar respondía a la noción de trabajo ya que: requería de tiempo y energía para poder realizarse (de aquí, que se le podía asignar un coste de oportunidad); formaba parte de la división del trabajo (las aportaciones de mujeres y hombres al hogar eran diferentes) y producía bienes y servicios (comida, limpieza) separables de la persona que los realizaba, es decir, podían ser producidos en el mercado aunque bajo otras relaciones de producción. Se pretendía que las actividades “invisibles” de las mujeres se reconocieran como “trabajo” pero en referencia a un concepto preestablecido de trabajo asalariado masculino importado desde el mercado para ser utilizado en el hogar. De esta manera, no se estaba estableciendo una definición propia del trabajo doméstico, sino que las tareas que se realizan en el hogar se reflejaban en otra actividad que previamente se había definido y reconocido como trabajo: el trabajo mercantil.

El reconocimiento paulatino de las distintas actividades que comprendía la actividad desarrollada desde los hogares, generó una discusión paralela sobre el término adecuado para designarla. El término “trabajo doméstico”, que remitía a una idea de actividades tradicionales (lavar, coser, cocinar, planchar…) realizadas en el hogar, fue sistemáticamente sustituido por diversas palabras para nombrarlo. Se fueron acuñando distintos términos: trabajo de reproducción, trabajo familiar doméstico, trabajo no remunerado; lo cual era un indicador de que ninguno de los términos utilizados era totalmente satisfactorio. En cualquier caso, no se trataba naturalmente de un problema puramente semántico, sino que en el fondo estaba el interés de delimitar las actividades que comprendía el concepto. A esta situación no era ajeno un debate que estaba en la sociedad: la valoración (en términos monetarios) del trabajo familiar doméstico. Lo cual exigía especificar qué actividades debían considerarse trabajo doméstico y, por tanto, ser susceptibles de medición y valoración. Temática que remitía nuevamente al trabajo asalariado.

Un punto de inflexión: del trabajo doméstico al trabajo de cuidados

En este contexto, el análisis cada vez más profundo del contenido de las actividades desarrolladas en el hogar, permitió destacar algunas características propias de dicha actividad no comparables con las de mercado. Emergen, por una parte, cualificaciones y capacidades específicas de las mujeres desarrolladas en el interior del hogar (no reconocidas oficialmente) y, por otra, formas de organizar y estructurar la vida y el trabajo que otorgan a las mujeres una identidad distinta a la masculina. En definitiva, se trataba de un trabajo diferente, cuyo objetivo era el cuidado de la vida y el bienestar de las personas del hogar. Desde esta nueva perspectiva, las mujeres no son ya personas secundarias y dependientes sino personas activas, actoras de su propia historia, creadoras de culturas y valores del trabajo distintos a los del modelo masculino.

De forma paulatina y natural, el “cuidado” (traducción imprecisa del inglés care) comenzó a emerger como un aspecto central del trabajo doméstico, como la dimensión fundamental que lo alejaba del trabajo asalariado. El “trabajo doméstico” –que incluye las actividades de cuidados– se presentaba en esta nueva perspectiva no como un conjunto de tareas que se pueden catalogar, sino más bien como un conjunto de necesidades que hay que satisfacer .

La identificación de los aspectos subjetivos del trabajo doméstico –que tienen que ver directamente con los cuidados, la calidad de vida y el bienestar– planteó cada vez más la necesidad de valorar esta actividad por sí misma, de reconocerla como el trabajo fundamental para el buen desarrollo de la vida humana. Esto representaba un cambio de paradigma: el eje central de la sociedad y, por tanto, del análisis debería ser la actividad compleja realizada en el hogar, que permite a las personas crecer, desarrollarse y mantenerse como tales.

Este cambio de perspectiva que sitúa al trabajo doméstico y de cuidados como objetivo central, no es ninguna tontería. Está cuestionando los fundamentos del análisis social y económico habitual que toma como referente exclusivo el trabajo de mercado.

La ruptura con los enfoques tradicionales permitió visibilizar un proceso esencial para la subsistencia del sistema capitalista: la necesidad que tiene la producción de mercado del trabajo no remunerado. Este último es un elemento central en la reproducción humana, pero también en la reproducción de la fuerza de trabajo. La producción capitalista no tiene capacidad ni posibilidades de reproducir bajo sus propias relaciones de producción la fuerza de trabajo que necesita. La reproducción diaria, pero sobre todo la generacional, requiere una enorme cantidad de tiempo y energías que el sistema no podría remunerar. Pero, además, el mercado no puede sustituir los complejos procesos de crianza y socialización que implican afectos, emociones, seguridades, etc. y que permiten que las personas se desarrollen como tales. Sólo la enorme cantidad de trabajo doméstico y de cuidados que se está realizando hace posible que el sistema económico pueda seguir funcionando .De esta manera, la economía del cuidado sostiene el entramado de la vida social humana, ajusta las tensiones entre los diversos sectores de la economía y, como resultado, se constituye en la base del edificio económico.

Finalmente, otro aspecto del cuidado que ha obligado a nuevas conceptualizaciones es su carácter universal, en el sentido de que las personas somos vulnerables y, por tanto, dependientes. La dependencia e s una característica humana que cambia a lo largo del ciclo vital; es un concepto polifacético que integra dependencias físicas, fisiológicas, emocionales, etc.; que nos afecta a todos y todas. Sin embargo, el concepto de dependencia que habitualmente se utiliza es una versión restringida que se ha reducido a las personas ancianas o con alguna minusvalía, sin considerar que la dependencia es inherente a la condición humana como el nacimiento y la muerte.

Ahora bien, a pesar de la universalidad de la dependencia y el cuidado, la gestión y realización de este último –asunto complejo y que genera mucha tensión– se ha invisibilizado y trasladado al ámbito de la negociación privada de los hogares, donde las mujeres tienen un poder de negociación mucho más frágil.Dejar el trabajo de cuidados en manos de las mujeres es una de las principales fuentes de desigualdades entre mujeres y hombres y una de las razones de la pobreza específica de las mujeres. Como ha señalado Martha Nussbaum,«Sólo en sociedades donde los trabajos de cuidados no estén determinados por sexo, género, raza, o cualquier otra categoría social, entonces puede tener sentido el ideal de igualdad o justicia social... Toda sociedad ofrece y requiere cuidados y, por tanto, debe organizarlos de tal manera de dar repuesta a las dependencias y necesidades humanas manteniendo el respeto por las personas que lo necesitan y sin explotar a las que están actuando de cuidadoras».

Tiempo medido, tiempo reloj

En economía, los estudios del tiempo al igual que los del trabajo han estado delimitados por las fronteras que identifican lo económico con lo mercantil, centrándose en los análisis de la organización y el control de los tiempos en la producción industrial capitalista. La llamada eficiencia económica aparece estrechamente vinculada a un conjunto de procesos de racionalización y de “ahorro” de tiempo. El tiempo se considera un “recurso escaso” con características de homogeneidad, que permite reducir su tratamiento a términos de simple cantidad. El tiempo se convierte así en algo cronometrable, en tiempo-reloj, un tiempo objetivo medible en unidades físicas.

Torns, siguiendo a Elias, plantea que el tiempo, en nuestra cultura occidental, es una construcción sociocultural que se ha convertido en algo natural e invisible, donde sólo se considera su dimensión física y cronometrable.«De esta manera se ha olvidado, primero, que el calendario y el reloj son convenciones humanas. Y, segundo, que el tiempo es algo mucho más complejo que el simple horario»… sin embargo, se ha impuesto «un uso horario del tiempo como medida equivalente entre tiempo de trabajo (jornada laboral) y precio (salario)».Esto conecta nuevamente con la teoría del valor trabajo y la preferencia de los pensadores clásicos por un concepto de trabajo mensurable que les permitiera analizar el salario en relación al tiempo de trabajo realizado.

Ahora bien, el problema de fondo es que este tiempo medido , centrado en el tiempo de trabajo mercantil , transformado en nuestras sociedades industrializadas en tiempo dinero, preside el resto de los tiempos bajo una organización productivista y masculina. Como resultado, desde el desarrollo de la industria son los horarios y las jornadas laborales las que han organizado la vida de las personas, obligando al resto de los tiempos necesarios (de cuidados, de ocio, etc.) a ajustarse a las exigencias de la producción industrial. Y, así, bajo esta lógica, se han difuminado las dimensiones más cualitativas del tiempo, aquellas más propias de la experiencia femenina ligadas al ciclo de vida y el correspondiente cuidado de las personas.

Tiempo vivido, tiempo donado

Han sido los enfoques de género interdisciplinares los que en las últimas décadas han desarrollado otras formas de aproximación al estudio del tiempo. Utilizando un marco de análisis más amplio –que incluye lo no monetario– se recupera un tiempo no mercantilizado, habitualmente invisibilizado por caer fuera de las relaciones de empleo. En este aspecto, hay que señalar las aportaciones pioneras de autoras italianas como Laura Balboo Franca Bimbi y Vitorio Capecchique en los años ochenta reclaman una revisión del concepto de tiempo que integre sus dimensiones cualitativas y permita así visualizar mejor las desigualdades entre mujeres y hombres. También de estos años hay que destacar el debate realizado en Italia –y que trascendió posteriormente a otros países europeos– alrededor del anteproyecto de ley conocido bajo el lema “las mujeres cambian los tiempos”.

Desde esta nueva visión, se plantea que no todo el tiempo es dinero, no todas las relaciones humanas están mediatizadas por el tiempo mercantilizado, no todos los tiempos son homogéneos ni todo el tiempo de trabajo es remunerado. Se comienzan a estudiar los llamados “tiempos generadores de la reproducción” que consideran los tiempos que caen fuera de la hegemonía de los tiempos mercantilizados y que incluyen tiempos necesarios para la vida: cuidados, afectos, mantenimiento, gestión y administración doméstica, relaciones, ocio, etc.; que más que tiempo medido y pagado, son tiempo vivido, donado y generado, con un componente difícilmente cuantificable y, por tanto, no traducible en dinero.Estas nuevas perspectivas sobre el tiempo han puesto de manifiesto las relaciones de poder y la desigualdad de género que se esconden detrás de la forma mercantil de valorar el tiempo. De hecho, se está denunciando que no considerar las distintas acepciones del tiempo y resaltar sólo la dimensión cuantificable, es una manifestación más de la desigualdad entre mujeres y hombres.

Sostenibilidad de la vida

Esta nueva mirada que va destacando cada vez más la relevancia del trabajo de cuidados como aspecto central relacionado con la reproducción y el mantenimiento de la vida, lleva a acuñar el concepto de sostenibilidad de la vida humana. Concepto que representa un proceso histórico de reproducción social, un proceso complejo, dinámico y multidimensional de satisfacción de necesidades en continua adaptación de las identidades individuales y las relaciones sociales, un proceso que debe ser continuamente reconstruido, que requiere de recursos materiales pero también de contextos y relaciones de cuidado y afecto, proporcionados estos en gran medida por el trabajo no remunerado realizado en los hogares.Un concepto que permite dar cuenta de la profunda relación entre lo económico y lo social, que sitúa a la economía desde una perspectiva diferente, que considera la estrecha interrelación entre las diversas dimensiones de la dependencia y, en definitiva, que plantea como prioridad las condiciones de vida de las personas, mujeres y hombres.

La idea de sostenibilidad humana está íntimamente ligada a la de un concepto más amplio de sostenibilidad que incluye también las dimensiones social y ecológica. Entendemos sostenibilidad «como proceso que no sólo hace referencia a la posibilidad real de que la vida continúe –en términos humanos, sociales y ecológicos–, sino a que dicho proceso signifique desarrollar condiciones de vida, estándares de vida o calidad de vida aceptables para toda la población. Sostenibilidad que supone pues una relación armónica entre humanidad y naturaleza, y entre humanas y humanos. En consecuencia, será imposible hablar de sostenibilidad si no va acompañada de equidad».

Epílogo

La recuperación de los tiempos y trabajos desde la experiencia de las mujeres está planteando un cambio de paradigma, una nueva perspectiva que desplace la centralidad del mercado hacia el ámbito del cuidado de la vida, que visibilice las distintas dimensiones de los tiempos, que tome como eje la vida cotidiana y la calidad de vida de las personas y no la obtención de beneficios de las empresas, que apueste en definitiva por el bienestar –como elemento multidimensional– de mujeres y hombres. En este sentido, el sector público tiene un papel importante. La forma en que se diseñen e implementen las políticas públicas y las normativas dirigidas a la empresa privada, cómo se otorguen las transferencias monetarias, cómo se configuren los sistemas de protección social, estará configurando una organización específica de distribución del tiempo y del espacio, de utilización de los recursos públicos y privados. La importancia de un enfoque que trasciende la economía de mercado y se centra en la sostenibilidad de la vida es que pone a la Administración Pública en relación directa con los estándares de vida de la población, dando valor y recuperando la experiencia de las mujeres.

 
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Ciudad Juárez: hacia la autonomía

Marco Rascón

La violencia en la frontera norte ha creado condiciones semejantes a las que se dieron por la insurrección indígena en 1994 en Chiapas: la demanda de autonomía.

La incapacidad para dar respuesta integral al problema indígena extiende sus consecuencias hasta el delta, donde se unen el río Bravo y el fin del territorio. La violencia sin adjetivos, los visos de paramilitarismo y la incapacidad gubernamental frente a la violencia comprometen la unidad territorial de la República y han creado condiciones para que surja en el norte del país la demanda de una salida autonómica.

Si la máxima institución de seguridad de la República, es decir, el Ejército, no ha sido capaz de detener la violencia y, por el contrario, empieza a generarse que su presencia de guerra no es parte de la solución, sino del problema, esto ha debilitado la conciencia de los ciudadanos de Ciudad Juárez como parte de la integridad territorial y la soberanía.

La definición de guerra que el mismo gobierno dio al combate al narcotráfico y a las organizaciones criminales implica una definición de territorio y economía que ahora se proyecta como un conflicto de seguridad nacional, y ya se ha demandado la presencia de los cascos azules de la Organización de Naciones Unidas para mediar entre el Ejército y el enemigo fantasmal que combate, mientras mueren decenas diariamente en números de guerra.

Los acontecimientos de la violencia irracional, rayana en el terror y sólo a la altura de los conceptos de limpieza étnica en los Balcanes, dejó claro que la población de Juárez no piensa que el Ejército Mexicano le brinde seguridad y que ante ello asuma la posición de neutralidad, que abre el camino hacia la conciencia de autonomía.

Esta salida tiene su fuente histórica en el norte. En Ciudad Juárez, entre 1983 y 1986, el Partido Acción Nacional promovió el separatismo después de la lucha electoral que dio por aquellos años y de su ascenso estatal. Igualmente, impulsó el rechazo al centro y la animadversión al sur. Con la expansión de la industria maquiladora y el aumento de la migración, la sociedad juarense en particular se refugió en el deslinde y fue socavada su situación por una violencia sin prisa, pero sin pausa.

Si se va más al pasado, el sentimiento autonómico proviene de Texas y su vía de anexión a Estados Unidos, vía la autonomía y la independencia local llevada a cabo por Lorenzo de Zavala. Se podría recordar también que bajo la bandera del liberalismo y en nombre de la República restaurada, se realizó la lucha contra las tribus indias en el norte, mismas que fueron justificadas como luchas contra la barbarie. Todavía en la capital de Chihuahua engalana la estatua a Joaquín Terrazas, héroe de tres Castillas, que celebra el final de los apaches y la muerte de Victorio y otros jefes apaches. En el parte de Terrazas al gobernador se reportan 78 cabelleras de indios, entre ésas seis de mujeres y niños, y las otras de guerreros que combatieron hasta el final y desgarraron la ropa para no dejar nada ante el despojo que sobrevino. Esto explica por qué los indios de la frontera se declararon antimexicanos y por qué se pasaron al norte y al final aceptaron el esquema de las reservaciones indias, aún existentes, que apoyaron el separatismo y el anexionismo, vía la autonomía.

Ante la incapacidad del gobierno central y local para integrar y otorgar seguridad en los territorios azotados por la violencia, se abren condiciones inéditas para Ciudad Juárez, donde no hay sustento fiscal ante instituciones que no garantizan el trabajo y la seguridad de los habitantes. Se desmorona no solamente la seguridad, sino la sustentabilidad de la integridad territorial, más cuando la vecina ciudad, El Paso, Texas, se hace cada día más boyante en términos económicos y presume de ser una de las más seguras de Estados Unidos. La fuerza del comparativo y las realidades extremas contribuyen al crecimiento de la idea de la autonomía.

Hoy, ante la guerra definida sin repliegues, con una estrategia confusa; ante un enemigo inmenso, por su número de muertos, que no se desalienta ante el poder y el uso frontal de la fuerza del Estado, nace la opción autonómica en Ciudad Juárez y otras regiones de la frontera norte. ¿Habrá México del norte y México del sur?

¿Tendrá conciencia el gobierno de Felipe Calderón de las consecuencias de una guerra mal declarada? ¿Cuál es el balance preciso de esa guerra respecto de las fuerzas del enemigo que enfrentan; cuál es su situación y hasta dónde puede prolongarse el conflicto? ¿Para qué tanto aparato de inteligencia si no pueden reportar la dimensión del enemigo? ¿Quién declarará la rendición en nombre de ellos? ¿Qué pasará con la guerra al término del gobierno que la defiende? ¿Habrá continuidad o un pacto secreto?

La prolongación y la insistencia en sostener una guerra mal definida y la violencia sin adjetivos han llegado a un límite. Si no acaba, los ciudadanos, en busca de seguridad, optarán como salida por una demanda: la autonomía a costa de la integridad territorial y la soberanía.

 
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Todo está permitido

Pedro Miguel

El episodio de los pactos secretos entre el PRI y el PAN ha documentado de manera irrebatible que Felipe Calderón, Fernando Gómez Mont, Beatriz Paredes, César Nava y Enrique Peña Nieto, entre otros, conforman una bonita colección de mentirosos: políticos que renuncian a sus compromisos por dinero, que compran con votos legislativos ventajas electorales, que traicionan a sus electores, que sacrifican los intereses del país en aras de su beneficio personal y de facción, y que luego salen a las cámaras y micrófonos a presumir de pureza y de congruencia con el ideario. Ya no podrá decirse que es excesivo y exagerado caracterizarlos como integrantes de un conglomerado mafioso: han quedado desnudos en su inmoralidad, en su adicción al poder, en su carencia de escrúpulos elementales, en su inclinación incurable a usar sus cargos y privilegios –pagados, cómo no, con nuestro dinero– para emprender negocios turbios en los que el Ejecutivo se entromete, por la puerta de atrás, cual suele, en asuntos del Legislativo, en los que unos y otros cargan los dados electorales a conveniencia y, a la postre terminan traicionándose entre sí. Y cuando su inmundicia se desparrama y sale a la luz, aparecen con expresión de recién nacidos para explicarnos que lo que han hecho no tiene nada de malo.

Esto puede ser la puntilla, la gota que rompe la tensión superficial del vaso, el no va más. La mafia, por su parte, cree que es posible el control de daños y gasta dinerales en el lavado de imagen. Por ejemplo: uno va al cine a una película apta para todo público y antes de la proyección descubre que en vez de los consabidos comerciales –porquerías comestibles y bebibles, tiendas de trapos caros y automóviles que funcionan más como sustituto del sildenafil que como medio de transporte–, se transmite propaganda de los legionarios de Cristo (un comercial a toda madre acerca de las bondades de la Universidad Anáhuac), de Elba Esther Gordillo (un conmovedor testimonial sobre la entrega de los normalistas a sus tareas) y de Felipe Calderón (las fuerzas armadas son la pura buena onda): toda una exhibición de virtudes públicas de la oligarquía para tapar las miserias de la pederastia fundacional, los desvíos de dinero público y cuotas sindicales (46 millones de pesos sólo en Quintana Roo, sólo en 2008) y el trastocamiento, a cargo del comandante supremo, de las atribuciones constitucionales del Ejército y la Marina, en lo que constituye el mayor agravio y el mayor desgaste al que han sido sometidas, en décadas, esas instituciones.

Con la acumulación de historias de este estilo, la circunstancia de la imagen pública del grupo gobernante equivale, sin exagerar, a una defunción. Muchos se lamentan por la pasividad aparente de una sociedad que, dicen, aguanta sobre sus hombros el peso de este pastel podrido y, desde el punto de vista presupuestal, carísimo. Escribía Kapuscinski:

Es el poder el que provoca la revolución. Desde luego no lo hace conscientemente. Y, sin embargo, su estilo de vida y su manera de gobernar acaban convirtiéndose en una provocación. Esto sucede cuando entre la élite se consolida la sensación de impunidad. Todo nos está permitido, lo podemos todo. Esto es ilusorio, pero no carece de un fundamento racional. Porque, efectivamente, durante algún tiempo parece que lo pueda todo. Un escándalo tras otro, una injusticia tras otra, quedan impunes. El pueblo permanece en silencio; se muestra paciente y cauteloso. Tiene miedo, todavía no siente su fuerza. Pero, al mismo tiempo, contabiliza minuciosamente los abusos cometidos contra él, y en un momento determinado hace la suma. La elección de este momento es el mayor misterio de la historia. ¿Por qué se ha producido en este día y no en otro? ¿Por qué lo adelantó este y no otro acontecimiento? Si ayer, tan sólo, el poder se permitía los peores excesos y, sin embargo, nadie ha reaccionado. ¿Qué he hecho, pregunta el soberano sorprendido, para que de repente se hayan puesto así? Y he aquí lo que ha hecho: ha abusado de la paciencia del pueblo. Pero ¿por dónde pasa el límite de esta paciencia? En cada caso la respuesta será diferente, si es que existe algo que se pueda definir a este respecto. Lo único seguro es que sólo los poderosos que conocen la existencia de este límite y saben respetarlo pueden contar con mantenerse en el poder durante mucho tiempo (El Sha o la desmesura del poder, Anagrama, Barcelona, 1987). Por lo pronto, ellos siguen pensando que lo pueden todo y que no pasa nada.

 
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México SA

El modelo económico, agotado
Más de 10 millones de mexicanos, en el autoempleo

Carlos Fernández-Vega

Foto

Durante enero de 2010 aumentó en 69 mil 875 el número de trabajadores inscritos en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Todos esos puestos de trabajo fueron eventuales, indicó la Secretaría de Trabajo y Previsión Social. En la imagen, comerciantes ambulantes en el Centro HistóricoFoto Francisco Olvera

La idílica versión oficial asegura que en materia de empleo formal vamos por buen camino, y que ya se han recuperado las plazas canceladas en 2009, no obstante que México fue muy castigado internacionalmente (léase la crisis es externa). Sin embargo, las propias cifras gubernamentales desmienten el machacón discurso de Los Pinos en este renglón, como en tantos otros. A lo largo del año pasado, y en lo que se puede documentar del presente, cerca de 600 mil mexicanos se incorporaron, y no por gusto, al ejército de reserva, cerraron empresas y se profundizó el deterioro de las condiciones laborales, una realidad que no embona con la plácida lectura de la residencia oficial.

Para no ir más lejos, el balance es espeluznante, toda vez que durante la estancia calderonista en Los Pinos la tasa de desempleo pasó de 3.56 por ciento el primer día de diciembre de 2006 a 5.87 por ciento al cierre de enero del presente año, un incremento de 65 por ciento, equivalente a 2 millones 800 mil mexicanos. Y sobre el tema vale retomar el análisis que realizó el ITESM campus estado de México (Empleo, el desafío de la recuperación) del que se toman los siguientes elementos.

Así, una de las consecuencias que la crisis económica arroja es el grave deterioro en la calidad de las condiciones laborales. Independientemente de que las cerca de 600 mil personas adicionales durante 2009 reportadas como desocupadas constituyen un serio pendiente a resolver por la política económica en 2010, eso únicamente es la punta del iceberg. La revisión de las cifras que configuran aspectos como el número de personas que nutrieron la economía informal, que estuvieron subocupadas, que no reciben prestaciones de salud o que perciben ingresos inferiores dos salarios mínimos, es el indicativo de que en 2009 la calidad del empleo enfrentó un fuerte retroceso.

En el primer aspecto se tiene que sólo en un año el sector informal de la economía ocupó a 938 mil personas adicionales a lo contabilizado en 2008, por lo que, de acuerdo con el Inegi, 12.6 millones de mexicanos se encuentran en esta situación. Para tener una justa dimensión de lo que esto representa basta señalar que los reportes del IMSS totalizaron 12.3 millones de personas con empleo formal permanente al cierre de 2009, es decir, las estadísticas oficiales confirman que la economía informal ocupa más personas que todas las registradas por el IMSS con empleo formal permanente.

La dimensión de la subocupación agrega un elemento digno de mencionar, y es que los 816 mil trabajadores adicionales que durante 2009 cayeron en esta situación hicieron que la cifra total sea de casi 3.9 millones de mexicanos en tal condición. Evidentemente que estas actividades de subocupación representan la necesidad que tiene la población de buscar una alternativa de ingreso mínima para satisfacer sus necesidades básicas, ello a pesar de que eso implique la aceptación de un empleo sin acceso a prestaciones indispensables como las de salud. Adicionalmente, poco menos de 28.7 millones de personas ocupadas no tienen acceso a ningún sistema de salud, y el reporte del Inegi indica que este número creció en casi 1.7 millones de mexicanos en el año que recién concluyó. Un elemento adicional a considerar es que existen 11.3 millones de trabajadores que no reciben prestaciones distintas a las de la salud. Sin lugar a dudas todo lo previamente descrito pone en claro que hay millones de connacionales para quienes las autoridades laborales no han sido eficaces en la procuración de lo que por ley les corresponde.

Por lo que toca a los salarios que percibieron los trabajadores que mantuvieron sus empleos, puede citarse que la precariedad del ingreso laboral también se incrementó. De acuerdo con el Inegi, 2.2 millones de personas se agregaron a quienes ganan menos de dos salarios mínimos. Derivado de lo anterior es posible estimar que 2009 cerró con cerca de 16 millones de mexicanos que no tienen ingresos suficientes para garantizar que sus familias salgan de la pobreza, situación que seguramente les orilla a que más de un integrante de cada hogar se vea en la necesidad de trabajar.

Lo descrito tiene una consecuencia negativa para la estabilidad familiar y social; no puede pensarse que este tipo de problemas no se trasladan a los dramas que se viven en lugares como Ciudad Juárez. Por tanto, debe reconocerse que el modelo económico se agotó y que la solución a los desequilibrios actuales va más allá de reformas que únicamente busquen remendar algunos hoyos. Debemos modificar el marco institucional de manera integral para superar la crisis estructural en la que vivimos. Para enero de 2010 los primeros resultados no son halagüeños, principalmente porque tanto la tendencia del desempleo como su variación anual dieron un salto al alza importante, en el primer caso se traduce en que ello no necesariamente fue en efecto estacional y de coyuntura.

Para el cuarto trimestre de 2009 la tasa de desempleo reportada por el Inegi fue de 5.3 por ciento, lo que hace evidente que el problema de la falta de generación de fuentes de trabajo ha rebasado el ámbito de la coyuntura y refleja un desequilibrio de estructura económica. No obstante, es relevante citar que durante los últimos meses de 2009 existió un cambio significativo en la tendencia del desempleo, la cual permitió una recuperación de la pérdida registrada durante la parte más grave de la crisis, aunque como ya se ha citado parte de ello es atribuible al fuerte deterioro de la calidad del empleo. Aún así, uno de los factores que permitieron la recuperación del empleo fue el del autoempleo. Básicamente puede ubicarse en 10.3 millones de trabajadores por cuenta propia, un aumento de 1.2 millones respecto al cierre de 2008.

La disminución en el número de fuentes laborales está directamente vinculada con los resultados observados en la caída del número de patrones registrado en el IMSS. Durante el año pasado la caída sumó 7 mil 319 (más 760 en enero de 2010), centrándose en aquellos patrones que emplean menos de 50 trabajadores. La mortandad de las pequeñas empresas representa un fuerte golpe para la economía nacional, ya que proporcionan la mayor cantidad de empleo en el país, aunque su contribución al valor agregado sea menor.

La recuperación, pues.

Las rebanadas del pastel

Los perversos payasitos de la política obligan a los mexicanos a pagar más impuestos y tarifas, y a cambio ofrecen un patético espectáculo de pastelazos de boñiga, que confirma lo verdaderamente infame que es nuestra clase política.

 
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Discriminación en el IMSS

El director general del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Daniel Karam, aseveró ayer que los cónyuges de trabajadores que sean integrantes de matrimonios entre personas del mismo sexo no serán aceptados como derechohabientes de esa institución. El funcionario dijo que, en su interpretación, la Ley del IMSS requiere de una adecuación en el Congreso de la Unión para que se pueda dar de alta como derechohabiente y beneficiario a las personas del mismo sexo, lo que significa, en los hechos, la expresión de un propósito injustificable de exclusión y discriminación, que podría dejar fuera de los beneficios de la seguridad social (atención médica, jubilación y otras prestaciones) a un número aún incalculable de ciudadanos mexicanos con derecho a ella.

La interpretación de Karam es por demás dudosa: la ley referida, en sus artículos 5a, 12 y 13 no, menciona el género ni el estado civil como condición para la afiliación de asegurados y sí, en cambio, asienta la obligatoriedad de la incorporación al Seguro Social. Adicionalmente, en la fracción XII del 5a se define como beneficiario a el cónyuge del asegurado o pensionado y a falta de éste, la concubina o el concubinario en su caso, así como los ascendientes y descendientes del asegurado o pensionado señalados en la Ley, sin distingo de género.

Ciertamente, el artículo 64 habla de viuda del asegurado y de viudo o concubino que hubiera dependido económicamente de la asegurada, y en el 65 se estipula que sólo a falta de esposa tendrá derecho a recibir la pensión señalada en la fracción II del artículo anterior, la mujer con quien el asegurado vivió como si fuera su marido durante los cinco años que precedieron inmediatamente a su muerte o con la que tuvo hijos, siempre que ambos hubieran permanecido libres de matrimonio durante el concubinato; y, aunque en otros pasajes de la ley se hacen menciones al género de asegurados y beneficiarios, no hay un solo punto que prohíba la afiliación –como asegurados o beneficiarios– a cónyuges del mismo sexo.

De lo que no hay duda es del carácter discriminatorio –y, por lo tanto, ilegal– de la postura asumida por el director general del IMSS. La referencia al marco legal que regula esa institución es tan equívoca como la que formuló en días pasados el titular del Ejecutivo federal, Felipe Calderón Hinojosa, cuando, para justificar la querella interpuesta por la Procuraduría General de la República contra las reformas legales que instauraron el matrimonio entre personas del mismo sexo en el Distrito Federal, aseveró que la Constitución habla explícitamente del matrimonio entre hombre y mujer.

Más aun: cabe suponer que la pifia de Karam forma parte de la campaña misógina y homofóbica lanzada por el gobierno federal contra las reformas que han despenalizado el aborto y permitido las bodas de parejas homosexuales y lesbianas en la capital de la República, y que conlleva un inocultable golpeteo político contra el Ejecutivo y el Legislativo del Distrito Federal.

De otra manera, las autoridades federales tendrían que partir de actitudes propositivas, mostrar buena disposición a los avances civilizatorios que han tenido lugar en la legislación capitalina, propiciar una revisión general a las leyes nacionales y promover reformas orientadas a eliminar los aspectos discriminatorios que persisten en ellas, los cuales resultan, ésos sí, contrarios a la letra y al espíritu de la Carta Magna, la cual, en su artículo 1 –parece mentira que haya que recordarlo– ordena: Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.

 
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Cerca del quetzal

Hermann Bellinghausen

Nunca llegaron adonde estaba La Constancia ni las monterías de los madereros, ni los pastizales de los ganaderos, aquellos grandes arrasadores de la selva del siglo XX. Al internarnos, salían a nuestro encuentro caobas intactas y majestuosas, ceibas centenarias, un entramado de enredaderas, bromelias y lianas listas para cerrarse inmediatamente tras nuestros pasos, negándose a ser camino. Rugidos, gruñidos, quejas inexplicables, chirridos, bramidos, croares, aleteares sorpresivos. La vegetación crecía aprisa, a nuestros ojos, sin necesidad de la cámara rápida de los documentales de divulgación científica.

Entonces no estaban de moda los temas ambientales. El famoso fotógrafo se adelantaba a su tiempo, sin saberlo. Más que un cazador de vidas desvanecientes y condenadas, que es lo que él se creía, Míster Agenciota heredaba al porvenir el arma principal de las denuncias de hoy: esta especie, este espacio, esta maravilla existía, y ya no, ¡ustedes la mataron!, ¡alto a la destrucción irreversible de la vida!, ese tipo de cosas.

Nada era ecológico todavía. Ni detergentes, ni combustibles, ni posgrados de biología. La dirección de Medio Ambiente representada por la señorita López, que acompañaba la expedición, era una diminuta dependencia del ministerio agrícola y forestal. Ni la mejor ciencia ficción preveía un calentamiento global. Las pesadillas seguían siendo atómicas o extraterrestres. Los desastres naturales no habían conquistado las fantasías colectivas, películas, historietas, rolas de rock, predicadores televisivos.

Desoyendo a Eliot, la imaginación general creía que el mundo terminaría con un estallido, y no en un lento lloriqueo de paulatina extinción sin fragor ni heroísmo. Phillip K. Dick previó la manipulación de los borregos, pero la imaginó eléctrica, incapaz de epidemia o veneno.

Y conste que National Geographic ya llevaba cerca de un siglo registrando la belleza de todo lo que desaparece, así como hacia 1900 Edward Sheriff Curtis y compañía retrataron para siempre los tipos humanos de decenas de pueblos a punto de extinguirse. La civilización extendía epitafios sin sentirse culpable. A nadie se le había ocurrido que los simples yacimientos de agua serían mejor negocio y más estratégicos que el uranio o el petróleo. El mundo ya estaba loco, pero todavía nos faltaba darnos cuenta. Tanto el capitalismo como el comunismo le estaban poniendo en su madre a la Tierra sin que alguien se alarmara.

Soviéticos y chinos arrasaban comarcas enteras para extraer metales o poner represas, reactores. Ahí están la tremendas fotos de Kudelka en los páramos posindustriales de Europa Oriental. Y desplazaron millones de personas. Los balleneros japoneses, canadienses, escandinavos o rusos asolaban los mares. Las potencias capitalistas borraban del mapa pedazos enteros de África, Centroamérica, Amazonia, Filipinas, Vietnam, Australia, sin que vinieran en mente los términos ecocidio o genocidio. Era progreso, normal.

Décadas después, en el inestable presente donde recuerdo aquella experiencia, todo lo sólido se sigue desvaneciendo en el aire. El viejo Marx lo supo bien, el muy cabrón.

La cosa es que ahí estábamos, agazapados bajo la vegetación verde que te quiero verde y a lo bestia, acechando al huidizo quetzal de varios colores.

–Shh. Está a punto –susurró recio Federico. Con un corto y elocuente ademán nos ordenó permanecer agazapados e inmóviles. Sólo desobedeció el fotógrafo, que sabía lo que hacía. Con instinto felino y ligereza de mimo se aproximó al claro y se apoyó en un tronco, cámara en mano.

Más se le sintió salir de entre la vegetación que bajar del cielo. Un quetzal a la vez largo y diminuto. Como mascada agitada en el aire, apareció de pronto, suspendido en un vuelo inmóvil, de colibrí, aunque echara de menos la economía plumaria y el diseño aerodinámico del chupamirto común.

El quetzal se detuvo sobre una rama, muy cerca de donde estábamos agazapados como ladrones. Le pudimos ver la expresión y cada detalle de su corpulencia. No tenía la mirada despiadada de la mayoría de las aves; la suya, valga decir, era dulce, de grandes ojos negros, arratonados. Toda la cabeza erizada de verde y una cresta punk verdeazul. De una suerte de belfos emplumados brotaba el modesto pico amarillo.

Comprendí que su mayor fragilidad no era el ostentoso y demandante plumaje, sino su absoluta ausencia de crueldad. Mostraba la inclinación inquisitiva de los loros, que son de los pocos pájaros que nos entienden a los humanos. Pero sin su codicia. Una vez que la selva fuera ocupada, un ser así no podría vivir fuera de la inclemente pero intacta intemperie de su selva.

Lástima, hoy quedan unos cuántos. Se siguen dando en tonalidades. Los hay azules, vestidos de cardenal o dorados, aquel era de la gama verde. Su musculoso pecho tenía la forma y el tamaño de un corazón humano, con la aparencia de nervaduras, venas, espesura púrpura, latidos rápidos.

 
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Los peligros que nos amenazan

Fidel Castro Ruz

No se trata de una cuestión ideológica relacionada con la esperanza irremediable de que un mundo mejor es y debe ser posible.

Es conocido que el homo sapiens existe desde hace aproximadamente 200 mil años, lo que equivale a un minúsculo espacio del tiempo transcurrido desde que surgieron las primeras formas de vida elementales en nuestro planeta hace alrededor de tres mil millones de años.

Las respuestas ante los insondables misterios de la vida y la naturaleza han sido fundamentalmente de carácter religioso. Carecería de sentido pretender que fuese de otra forma, y tengo la convicción de que nunca dejará de ser así. Mientras más profundiza la ciencia en la explicación del universo, el espacio, el tiempo, la materia y la energía, las infinitas galaxias y las teorías sobre el origen de las constelaciones y estrellas, los átomos y fracciones de los mismos que dieron origen a la vida y la brevedad de la misma, y los millones y millones de combinaciones por segundo que rigen su existencia, más preguntas se hará el hombre en busca de explicaciones que serán cada vez más complejas y difíciles.

Mientras más se enfrascan los seres humanos en buscar respuestas a tan profundas y complejas tareas que se relacionan con la inteligencia, más valdrán la pena los esfuerzos por sacarlos de su colosal ignorancia sobre las posibilidades reales de lo que nuestra especie inteligente ha creado y es capaz de crear. Vivir e ignorarlo es la negación total de nuestra condición humana.

Algo, sin embargo, es absolutamente cierto, muy pocos se imaginan cuán cerca puede estar la desaparición de nuestra especie. Hace casi 20 años, en una Cumbre Mundial sobre el Medio Ambiente en Río de Janeiro, abordé ese peligro ante un público selecto de Jefes de Estado y de Gobierno que escuchó con respeto e interés, aunque nada preocupado por el riesgo que veía a distancia de siglos, tal vez milenios. Para ellos, con seguridad, la tecnología y la ciencia, más un sentido elemental de responsabilidad política, serían capaces de enfrentarlo. Con una gran foto de personajes importantes, los más poderosos e influyentes entre ellos, concluyó feliz aquella importante Cumbre. No había peligro alguno.

Del cambio climático apenas se hablaba. George Bush, padre, y otros relumbrantes líderes de la Alianza Atlántica, disfrutaban la victoria sobre el campo socialista europeo. La Unión Soviética fue desintegrada y arruinada. Un inmenso caudal del dinero ruso pasó a los bancos occidentales, su economía se desintegró, y su escudo defensivo frente a las bases militares de la OTAN, había sido desmantelado.

A la antigua superpotencia que aportó la vida de más de 25 millones de sus hijos en la segunda guerra mundial, le quedó solo la capacidad de respuesta estratégica del poder nuclear, que se había visto obligada a crear después que Estados Unidos desarrolló en secreto el arma atómica lanzada sobre dos ciudades japonesas, cuando el adversario vencido por el avance incontenible de las fuerzas aliadas no estaba ya en condiciones de combatir.

Se inició así la Guerra Fría y la fabricación de miles de armas termonucleares, cada vez más destructivas y precisas, capaces de aniquilar varias veces la población del planeta. El enfrentamiento nuclear sin embargo continuó, las armas se hicieron cada vez más precisas y destructivas. Rusia no se resigna al mundo unipolar que pretende imponer Washington. Otras naciones como China, India y Brasil emergen con inusitada fuerza económica.

Por primera vez, la especie humana, en un mundo globalizado y repleto de contradicciones, ha creado la capacidad de destruirse a sí misma. A ello se añaden armas de crueldad sin precedentes, como las bacteriológicas y químicas, las de napalm y fósforo vivo, que son usadas contra la población civil y disfrutan de total impunidad, las electromagnéticas y otras formas de exterminio. Ningún rincón en las profundidades de la tierra o de los mares quedaría fuera del alcance de los actuales medios de guerra.

Se conoce que por estas vías han sido creados decenas de miles de artefactos nucleares, incluso de carácter portátil.

El mayor peligro deriva de la decisión de líderes con tales facultades en la toma de decisión, que el error y la locura, tan frecuentes en la naturaleza humana, pueden conducir a increíbles catástrofes.

Han transcurrido casi 65 años desde que estallaron los dos primeros artefactos nucleares, por la decisión de un sujeto mediocre que tras la muerte de Roosevelt quedó al mando de la poderosa y rica potencia norteamericana. Hoy son ocho los países que, en su mayoría por el apoyo de Estados Unidos, disponen de esas armas, y varios más disfrutan de la tecnología y los recursos para fabricarlas en un mínimo de tiempo. Grupos terroristas, enajenados por el odio, podrían ser capaces de acudir a ellas, del mismo modo que gobiernos terroristas e irresponsables no vacilarían en usarlas dada su conducta genocida e incontrolable.

La industria militar es la más próspera de todas y Estados Unidos el mayor exportador de armas.

Si de todos los riesgos mencionados se libera nuestra especie, existe uno todavía mayor, o al menos más ineludible: el cambio climático.

La humanidad cuenta hoy con siete mil millones de habitantes, y pronto, en un plazo de 40 años, alcanzará nueve mil millones, una cifra nueve veces mayor que hace apenas 200 años. En tiempos de la antigua Grecia, me atrevo a suponer que éramos alrededor de 40 veces menos en todo el planeta.

Lo asombroso de nuestra época es la contradicción entre la ideología burguesa imperialista y la supervivencia de la especie. No se trata ya de que exista la justicia entre los seres humanos, hoy más que posible e irrenunciable; sino del derecho y las posibilidades de supervivencia de los mismos.

Cuando el horizonte de los conocimientos se amplía hasta límites jamás concebidos, más se acerca el abismo adonde la humanidad es conducida. Todos los sufrimientos conocidos hasta hoy son apenas sombra de lo que la humanidad pueda tener por delante.

Tres hechos ocurrieron en solo 71 días, que la humanidad no puede pasar por alto.

El 18 de diciembre de 2009, la comunidad internacional sufrió el mayor descalabro de la historia, en su intento de buscar solución al más grave problema que amenaza el mundo en este instante: la necesidad de poner fin con toda urgencia a los gases de efecto invernadero que están provocando el más grave problema enfrentado hasta hoy por la humanidad. Todas las esperanzas habían sido puestas en la Cumbre de Copenhague después de años de preparación con posterioridad al Protocolo de Kyoto, que el Gobierno de Estados Unidos -el más grande contaminador del mundo- se había dado el lujo de ignorar. El resto de la comunidad mundial, 192 países, esta vez incluyendo a Estados Unidos, se habían comprometido a promover un nuevo acuerdo. Fue tan vergonzoso el intento norteamericano de imponer sus intereses hegemónicos que, violando elementales principios democráticos, intentó establecer condiciones inaceptables para el resto del mundo de forma antidemocrática, en virtud de compromisos bilaterales con un grupo de los países más influyentes de las Naciones Unidas.

A los Estados que integran la organización internacional se les invitó a firmar un documento que constituye una burla, en el que se habla de aportes futuros meramente teóricos para frenar el cambio climático.

No habían transcurrido todavía tres semanas cuando, al atardecer del 12 de enero, Haití, el país más pobre del hemisferio y el primero en poner fin al odioso sistema de la esclavitud, sufrió la mayor catástrofe natural en la historia conocida de esta parte del mundo: un terremoto de 7,3 grados en la escala Richter, a solo 10 kilómetros de profundidad y a muy corta distancia de la orilla de sus costas, golpeó la capital del país, en cuyas débiles casas de barro vivían la inmensa mayoría de las personas que resultaron muertas o desaparecidas. Un país montañoso y erosionado de 27 mil kilómetros cuadrados, donde la leña constituye prácticamente la única fuente de combustible doméstica para nueve millones de personas.

Si en algún lugar del planeta una catástrofe natural ha constituido una inmensa tragedia era Haití, símbolo de pobreza y subdesarrollo, donde viven los descendientes trasladados de África por los colonialistas para trabajar como esclavos de los amos blancos.

El hecho conmocionó al mundo en todos los rincones del planeta, estremecido por las imágenes fílmicas divulgadas que rayaban en lo increíble. Los heridos, sangrantes y graves, se movían entre los cadáveres clamando por auxilio. Bajo los escombros yacían los cuerpos de sus seres queridos sin vida. El número de víctimas mortales, según cálculos oficiales, superó las 200 mil personas.

El país ya estaba intervenido por fuerzas de la MINUSTAH, que las Naciones Unidas enviaron para restablecer el orden subvertido por fuerzas mercenarias haitianas que, instigadas por el Gobierno de Bush, se lanzaron contra el Gobierno elegido por el pueblo haitiano. Algunos edificios donde moraban soldados y jefes de las fuerzas de paz también se desplomaron, causando dolorosas víctimas.

Los partes oficiales estiman que, aparte de los muertos, alrededor de 400 mil haitianos fueron heridos y varios millones, casi la mitad de la población total, sufrieron afectaciones. Era una verdadera prueba para la comunidad mundial, que después de la bochornosa Cumbre de Dinamarca estaba en el deber de mostrar que los países desarrollados y ricos serían capaces de enfrentar las amenazas del cambio climático a la vida en nuestro planeta. Haití debe constituir un ejemplo de lo que los países ricos deben hacer por las naciones del Tercer Mundo ante el cambio climático.

Se puede creer o no, desafiando los datos, a mi juicio irrebatibles, de los más serios científicos del planeta y la inmensa mayoría de las personas más instruidas y serias del mundo, quienes piensan que al ritmo actual de calentamiento, los gases de efecto invernadero elevarán la temperatura no sólo 1,5 grados, sino hasta 5 grados, y que ya la temperatura media es la más alta en los últimos 600 mil años, mucho antes de que los seres humanos existieran como especie en el planeta.

Es absolutamente impensable que nueve mil millones de seres humanos que habitarán el mundo en el 2050 puedan sobrevivir a semejante catástrofe. Queda la esperanza de que la propia ciencia encuentre solución al problema de la energía que hoy obliga a consumir en 100 años más el resto del combustible gaseoso, líquido y sólido que la naturaleza tardó 400 millones de años en crear. La ciencia tal vez puede encontrar solución a la energía necesaria. La cuestión sería saber cuánto tiempo y a qué costo los seres humanos podrán enfrentar el problema, que no es el único, ya que otros muchos minerales no renovables y graves problemas requieren solución. De una cosa podemos estar seguros, a partir de todos los conceptos hoy conocidos: la estrella más próxima está a cuatro años luz de nuestro Sol, a una velocidad de 300 mil kilómetros por segundo. Una nave espacial tal vez recorra esa distancia en miles de años. El ser humano no tiene otra alternativa que vivir en este planeta.

Parecería innecesario abordar el tema si a solo 54 días del terremoto de Haití, otro increíble sismo de 8,8 grados de la escala Richter, cuyo epicentro estaba a 150 kilómetros de distancia y 47,4 de profundidad al noroeste de la ciudad de Concepción, no ocasionara otra catástrofe humana en Chile. No fue el mayor de la historia en ese hermano país, se dice que otro alcanzó 9 grados, pero esta vez no fue solo un fenómeno de efecto sísmico; mientras en Haití durante horas se esperó un maremoto que no se produjo, en Chile el terremoto fue seguido por un enorme tsunami, que apareció en sus costas entre casi 30 minutos y una hora después, según la distancia y datos que todavía no se conocen con toda precisión y cuyas olas llegaron hasta Japón. De no ser por la experiencia chilena frente a los terremotos, sus construcciones más sólidas y sus mayores recursos, el fenómeno natural habría costado la vida a decenas de miles o tal vez cientos de miles de personas. No por ello dejó de ocasionar alrededor de mil víctimas mortales, según datos oficiales divulgados, miles de heridos y tal vez más de dos millones de personas sufrieron daños materiales. Casi la totalidad de su población de 17 millones 94 mil 275 habitantes, sufrió terriblemente y aún padece las consecuencias del sismo que duró más de dos minutos, sus reiteradas réplicas, y las terribles escenas y sufrimientos que dejó el tsunami a lo largo de sus miles de kilómetros de costa. Nuestra Patria se solidariza plenamente y apoya moralmente el esfuerzo material que la comunidad internacional está en el deber de ofrecerle a Chile. Si algo estuviera en nuestras manos, desde el punto de vista humano, por el hermano pueblo chileno, el pueblo de Cuba no vacilaría en hacerlo.

Pienso que la comunidad internacional está en el deber de informar con objetividad la tragedia sufrida por ambos pueblos. Sería cruel, injusto e irresponsable dejar de educar a los pueblos del mundo sobre los peligros que nos amenazan.

¡Que la verdad prevalezca por encima de la mezquindad y las mentiras con que el imperialismo engaña y confunde a los pueblos!

Marzo 7 de 2010

 
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Supersticiones democráticas

Gustavo Esteva

El Congreso y la Corte se ocupan ahora de apretar una tuerca más del estado de excepción. Se adopta así la tendencia dominante en el mundo, cuando categorías enteras de ciudadanos, que no pueden ser integrados en el sistema político, quedan expuestos a una guerra declarada en el curso de la cual el estado de derecho se desmantela progresivamente. Se extiende hoy a México la criticada Ley Patriota estadunidense, que el presidente Obama y un Congreso Demócrata han dejado intacta.

El pasado noviembre comenté en este espacio que el estado de excepción que padecemos es la forma legal... de lo que no puede tener una forma legal: existe al margen de la norma, como suspensión de la ley. Cité a Giorgio Agamben, quien ha mostrado que este dispositivo se ha convertido en una de las prácticas esenciales de los estados contemporáneos, incluso los llamados democráticos. Instalado en el centro del arco del poder, resulta ser “un espacio vacío, en que la acción humana sin relación con la ley se levanta frente a una norma sin relación con la vida (…) No es una dictadura (…) sino un espacio desprovisto de ley, una zona en que todas las determinaciones legales –y sobre todo la distinción entre lo público y lo privado– han sido desactivadas… La violencia gubernamental borra y contradice impunemente el aspecto normativo de la ley, ignora externamente la ley internacional y produce internamente un permanente estado de excepción, pero afirma que a pesar de todo está aplicando la ley”. Según Montesquieu, la venda sobre los ojos de la mujer que se emplea como símbolo de la justicia fue puesta para que no viera lo que ocurre durante el estado de excepción. No debe verlo. Es la negación misma de la justicia.

El Comité Invisible, en La insurrección que viene, mostró el otro lado de esta moneda siniestra: “La esfera de la representación política se cierra. De izquierda a derecha es la misma nada que adopta poses perrunas o aires virginales, son las mismas cabezas oscilantes que intercambian sus discursos según los últimos hallazgos del servicio de comunicación. Quienes aún votan dan la impresión de que no tienen más intención que hacer saltar las urnas a fuerza de votar como forma de protesta. Se comienza a adivinar que se sigue votando contra el voto mismo. Nada de lo que se presenta está a la altura de la situación. En su propio silencio, la gente parece infinitamente más adulta que todos los títeres que se pelean por gobernarla…”

Esto es lo que necesitamos encarar. Y esto no implica descalificar a quienes, contra toda experiencia y razón, siguen empeñados en la lucha electoral. Interpelado sobre el tema, hace cuatro años, el subcomandante Marcos señaló: “Reconocemos la trinchera electoral. Nunca hemos llamado a la gente a no votar. Estamos invitando a que mires a otro lado, no hacia arriba; que hagas ejercicio de tu inteligencia y tu dignidad, y pienses qué es lo que se ofrece arriba y qué está ocurriendo abajo, y con eso en la mente y en el corazón vayas o no a votar (…) Entendemos que allá arriba los partidos políticos cambian de principios como de calzones, pero nosotros no… No podemos doblegar la dignidad.” (La Jornada, 19/02/09).

El tema está de nuevo en la calle, bajo condiciones mucho más graves. Aumentan cotidianamente las agresiones armadas a las comunidades zapatistas y la violencia en todo el país, en medio de la turbulencia que generan 10 procesos electorales. En lugares como Oaxaca se reabre el debate sobre la participación en la jornada electoral. Muchos hay que quieren dar cauce a su rabia, al profundo resentimiento que deja Ulises Ruiz, usando la trinchera electoral para expresar todo eso e impedir que su guardaespaldas ocupe su lugar. Lo importante no es lo que hagan el día del voto. Lo importante es que tomen la decisión conscientes de que no pueden poner su esperanza en ese proceso, independientemente de su resultado. Que la esperanza sólo puede estar en ellos mismos.

Estamos en la víspera de un gran alzamiento o de una guerra civil, señaló el subcomandante Marcos en noviembre de 2006. Si no logramos que la gente, cada quien en su lugar, active su red de apoyo mutuo en un alzamiento pacífico y democrático, “habrá levantamientos espontáneos, explosiones civiles por todos lados, una guerra civil en donde cada quien verá por su propio bienestar (…) Va a ser cada quien por donde pueda” (La Jornada, 24/11/09). Para detener esa guerra civil y el ejercicio autoritario cada vez más cínico y abierto, que combina de nuevo la cruz con la espada, no queda sino crear nuestro propio estado de excepción.

 
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La generación de la desfachatez

John M. Ackerman

Durante el autoritarismo del régimen del partido de Estado, los ciudadanos ocasionalmente llegábamos a atestiguar la renuncia de uno que otro funcionario responsable de abusos de autoridad o actos de corrupción. Hoy ni siquiera estas victorias pírricas nos son permitidas. Aun cuando existe evidencia contundente de actos ilícitos o irregulares, los gobernadores o secretarios involucrados simplemente se niegan a dar la cara y continúan en el cargo como si nada hubiera ocurrido.

Mario Marín, Ulises Ruiz, Enrique Peña Nieto, Eduardo Bours, Juan Camilo Mouriño, Javier Lozano, Genaro García Luna, Fernando Gómez Mont y Juan Molinar Horcasitas son ejemplos conspicuos de esta nueva generación de la desfachatez, que sin duda ha hecho más daño al país que la imaginaria “generación del no”. Constituye una vergüenza internacional el hecho de que nadie ha tenido el valor de afrontar su responsabilidad por la muerte de los niños de Hermosillo, el asesinato de jóvenes y mujeres en Ciudad Juárez, el abuso contra los campesinos en San Salvador Atenco, la inundación con aguas negras en Chalco, la muerte de los mineros en Pasta de Conchos y tantas otras tragedias y abiertas corruptelas que han venido caracterizando el escenario nacional en los años recientes. La señora impunidad reina rebosante en el México de la alternancia.

No se trata, desde luego, de retornar a la época de la escenografía de las renuncias vacías. En el pasado, las dimisiones de los funcionarios no implicaban que enfrentaran sus responsabilidades penales o administrativas. Muchas veces la separación del cargo ni siquiera afectaba negativamente su carrera política, sino que implicaba el inicio de una nueva etapa de mayor presencia pública. Con las renuncias también se protegía al Presidente de la República de tener que exponerse ante el juicio ciudadano. Se ofrecían las cabezas de unos cuantos chivos expiatorios a cambio de la continuidad del sistema imperante.

Hoy habría que encontrar vías más efectivas y auténticas para llamar a cuentas a los altos funcionarios públicos. Las propuestas de Felipe Calderón (relección de legisladores y alcaldes, candidaturas independientes y segunda vuelta) definitivamente no atacan de raíz la grave crisis que se vive en la materia.

Afortunadamente, las iniciativas del Dia (Partido de la Revolución Democrática, Partido del Trabajo y Convergencia) y de los senadores del Partido Revolucionario Institucional (PRI) sí incluyen algunas propuestas que caminan en el sentido correcto. Una de las más importantes, compartidas por ambas iniciativas, es la dotación de autonomía plena al Ministerio Público.

Ya es hora de combatir la ineficacia y el burdo manejo político de esta institución. La iniciativa del Dia es particularmente contundente al respecto: El Ministerio Público, tal como se encuentra constituido en la actualidad, ha sido rebasado no solamente por el cada vez más grande fenómeno delincuencial, sino también por los profundos y arraigados vicios que le aquejan, tales como la excesiva burocratización, la falta de agilidad en la tramitación de averiguaciones previas, la falta de capacitación de sus agentes, la violación sistemática de los derechos humanos, así como la infiltración de grupos criminales.

Otra propuesta relevante en ambas iniciativas de la oposición es el fortalecimiento de la Auditoría Superior de la Federación (ASF). El PRI propone eliminar los principios de posterioridad y anualidad para el auditor, con el fin de agilizar su labor y permitir que acompañe más cercanamente al Congreso en su función de evaluar a los secretarios de Estado. El Dia va más lejos y propone consolidar la autonomía constitucional de la ASF y dotar al auditor con la facultad de ejercer directamente la acción penal y perseguir delitos en contra del erario ante los tribunales. Estas reformas podrían transformar radicalmente el sistema institucional para la rendición de cuentas y empezar a poner un alto a la impunidad tan corrosiva que actualmente impera en el país.

La ratificación del gabinete por el Poder Legislativo (PRI y Dia), junto con la moción de censura (PRI), el fortalecimiento de las comisiones de investigación del Congreso (Dia) y la aprobación del Plan Nacional de Desarrollo por el Poder Legislativo (Dia), también tendrían el sano efecto de requilibrar la división de poderes y obligar a los secretarios de Estado a rendir cuentas y tener mejor desempeño. Asimismo, la figura de la revocación de mandato (Dia) pondría en manos de los ciudadanos un arma poderosa para que a los gobernantes nunca se les ocurra olvidar el texto del artículo 39 constitucional: la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo (...) el pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.

Tal como ha sido el caso a lo largo de la transición política en México, una vez más las propuestas de reforma del Estado que realmente valen la pena surgen de la oposición. En lugar de promover ciegamente su decálogo de reformas cosméticas y con sesgos autoritarios, el gobierno federal y el Partido Acción Nacional deberían abrir los espacios para la discusión y aprobación de otras propuestas de mucho mayor calado que nos permitirían deshacernos de una vez por todas de la generación de la desfachatez que tanto se ha arraigado en el país.

 
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México SA

Calderón en su laberinto
Pronósticos fallidos
Balance aciago

Carlos Fernández-Vega

Andaba muy contento el inquilino de Los Pinos, lance que te lance pronósticos económicos por aquí, estimaciones laborales por allá, cuando alguien le dijo al oído: “bájale, Jelipe, que eso de las predicciones de plano no es lo tuyo, que todos tus vaticinios han fallado, y que por donde le busques los resultados de tu administración son escandalosamente malos, los peores en ocho décadas”. Pero el susodicho ni se inmutó, y se dedicó a inaugurar un campo de golf, mientras seguía cuente que te cuente historias de bonanza sólo existentes en su idílico país.

Muy emocionado dijo al respetable que “hoy, todos los pronósticos coinciden que cuando menos el crecimiento económico de México este año será de 4 por ciento, y algunos ya están estimando un crecimiento de 5 por ciento… La verdad es que estamos dándole la vuelta a la adversidad económica”. Felicidades, pero cuando una economía se hunde como lo hizo la mexicana en 2009, cualquier incremento parece majestuoso a simple vista, pero a la hora de ir al detalle lo primero que brota es que, aún cuando se cumpla su profecía –lo cual es dudoso–, el idílico avance no alcanzaría para tapar el enorme cráter abierto en 2009, y que en sus cuatro de años de estancia en la residencia oficial el resultado llano, con todo y predicción, sería de un crecimiento de 0.75 por ciento como promedio anual, por abajo del incremento poblacional y el más raquítico para un periodo igual desde tiempos de Miguel de la Madrid, lo que ya es decir.

En campaña electoral prometió un crecimiento económico anual de 5 por ciento, idéntica proporción que incluyó en el incumplido Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012. Ya sentado en Los Pinos, y por medio de los criterios generales de política económica para el cuatrienio, ofreció 3.32 por ciento anual, y en los hechos el resultado es el que se anota líneas arriba: 0.75 por ciento anual, siempre y cuando se cumpla su pronóstico de que en 2010 la economía avanzaría 5 por ciento. Si en el presente año la economía nacional crece 3 por ciento, entonces el promedio anual se reduce a 0.25 por ciento, y de 0.5 por ciento si el crecimiento es de 4 por ciento. Así, por donde se mire, el gobierno calderonista es sonoro fracaso, un gobierno fallido, que sólo en el discurso, como acostumbra, puede presumir triunfos inexistentes, avances imaginarios, éxitos de micrófono.

Para 2007, su primer año de inquilinaje, el tal Jelipe prometió 3.6 por ciento de crecimiento económico, pero en los hechos a duras penas llegó a 3.2 por ciento: en 2008 vaticinó un incremento de 3.7 por ciento en el PIB (incluida la que llamó reforma fiscal, que no fue otra cosa que el gasolinazo), y apenas libró 1.3 por ciento; ya en 2009, con la crisis encima –siempre por él negada– pronosticó 3 por ciento, y en realidad se desplomó 6.5 por ciento, de acuerdo con las cifras oficiales. Para el presente año auguró 3 por ciento, pero ahora, ya en confianza, va por 5 por ciento. Como se constata, en eso de las adivinanzas el cuenta cuentos también es fallido.

Lo peor del caso es que la situación económica empeora gobierno tras gobierno. Antes de que los iluminados neoliberales se asentaran en Los Pinos, transformaran la Presidencia en Gerencia de la República, vendieran la casa y se deshicieran de cualquier proyecto nacional, la economía mexicana reportó un crecimiento a tasa anual promedio de 6.26 por ciento (de Lázaro Cárdenas a José López Portillo), considerando los primeros cuatro años de cada administración; con la tecnocracia en el poder, amante del Consenso de Washington, esa misma tasa se desplomó a 1.78 por ciento (de Miguel de la Madrid a Felipe Calderón), es decir, una diferencia en resultados de 3.5 tantos en contra de los cruzados tecnocráticos.

Las cifras oficiales dan cuenta de los resultados económicos (promedio anual) en el primer cuatrienio de los siguientes gobiernos: Lázaro Cárdenas, 5.1 por ciento; Manuel Avila Camacho, 6.8; Miguel Alemán Valdés, 5.72; Adolfo Ruiz Cortines, 6.4: Adolfo López Mateos, 5; el genocida Gustavo Díaz Ordaz, 6.9; Luis Echeverría (ídem), 6.4, y José López Portillo, 7.82.

En el equipo contrario, los resultados para igual lapso son: Miguel de la Madrid, -0.24 por ciento; Carlos Salinas de Gortari, 4.26; Ernesto Zedillo, 2.65; Vicente Fox, 1.52, y Felipe Calderón, 0.75 (si se cumple aquello de crecer 5 por ciento en 2010). Sin duda, las cifras son engorrosas y espesas, pero marcan la pauta: en los primeros cuatro años del zedillato el crecimiento económico fue casi 40 por ciento menor al reportado por el inquilino anterior, el de la solidaridad; en igual periodo, pero con el ideas cortas y la lengua larga en Los Pinos, tal crecimiento resultó 43 por ciento por abajo del registrado en tiempos del que prometió bienestar para la familia, y con Calderón el mismo indicador resulta 50 por ciento menor (siempre y cuando se cumpla el vaticinio para 2010) al alcanzado por el pregonero del cambio, de tal suerte que si de pronósticos se trata, el próximo gobierno podría presumir, con grado de excelencia, un avance promedio anual de 0.37 por ciento, y así para adelante, hasta que el estallido social nos alcance.

Y lo mismo sucede en el terreno del empleo. Ante los golfistas, presumió el inquilino de Los Pinos: el año pasado, con todo y que la crisis fue más grave, perdimos, en lugar de uno de cada 10 (como en 1995), uno de cada 100 empleos formales, y los hemos recuperado ya. Tan se han recuperado que al cierre de enero de 2010 el registro del IMSS (empleo formal) reconoce un inventario de sólo 95 mil plazas laborales (todas eventuales) más que al comienzo del gobierno calderonista, cuando la demanda real a lo largo del periodo supera 3 millones de plazas. Tal cual se observa en el ámbito económico, sucede en el ámbito laboral: en el primer cuatrienio de Zedillo, el IMSS registró 942 mil nuevos empleos formales (uno por cada tres plazas demandadas); en igual lapso de Fox se dieron de alta 195 mil plazas formales (6.5 por ciento de la demanda real), y con Calderón 95 mil (al cierre de enero de 2010), o lo que es lo mismo, 3 por ciento de la citada demanda.

Las rebanadas del pastel

Así de simple: en casi tres décadas el ritmo de crecimiento económico del país se desplomó de 7.82 a 0.75 por ciento (diez tantos de diferencia) y la generación de empleo formal de 30 a 3 por ciento de la demanda real (otros diez tantos), y si esas no son señales de alarma, entonces que el estallido social nos agarre confesados.

 
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Dinero

El gasolinazo del sábado

La gasolina es un negocio monopólico que utiliza la clase política para enriquecerse mientras empobrece a la gente. Entre el mes de diciembre de 1999 y este sábado 6 de marzo de 2010, el precio de la Magna subió 67.8%. Son los años del panismo, implacables con los consumidores, como también lo fueron los del priísmo. Salvo el periodo en que la gasolina llegó a cotizarse a casi cinco dólares el galón en algunas ciudades de Estados Unidos, la de Pemex históricamente ha sido más cara que la americana. En 2008 la diferencia fue muy importante, coincidieron devaluación del peso y disparo del precio. En el cuadro que aparece en esta página pueden ver el comparativo de los precios. Sin embargo, hay una diferencia abismal entre los salarios. Una persona que sólo percibe el mínimo allá gana más de 500 pesos diarios, en cambio aquí el salario base es de 56 pesos (promedio). Pemex nunca ha querido informar su costo de producción, pero se estima muy bajo. Paga más por la gasolina que importa, pero también reserva el dato como secreto de Estado, así como las condiciones de los contratos, en que se presume no está ausente la corrupción. A los distribuidores de gasolina sólo les dice para efectos fiscales cómo se componen esos $8.04, que es el precio final de un litro de Magna: gasolina $6.62 más $1.06 de IVA y 0.36 centavos de cuota. Los consumidores del otro lado sólo pagan un impuesto de 66 centavos por litro. Esta llamada cuota resultó de un arreglo en lo oscurito, priperrepánico, por el cual los gobernadores fueron invitados a la mesa del banquete. También les toca pizcacha de la recaudación. Este es un largo preámbulo: el sábado subieron los combustibles: la Magna ahora cuesta, como ya menciono arriba, 8.04; la Premium, 9.74, y el diesel, 8.40. La Magna ya es más cara que su equivalente, la regular sin plomo, de numerosas ciudades americanas.

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Avances y simulaciones

Hoy, en nuestro país, la celebración oficial del Día Internacional de la Mujer no sólo debe cotejarse con los avances logrados por las mexicanas en años recientes, sino también con las circunstancias desfavorables, lacerantes y hasta trágicas que enfrentan millones de ellas a raíz de la disolución del estado de derecho en diversas regiones del país, de la crisis económica y de la ofensiva clerical y conservadora orientada a privar a la población en general, y a las mujeres en particular, de derechos reproductivos y de género.

En el primero de esos ámbitos, la impunidad imperante se traduce en numerosas víctimas de injusticias y atropellos. En el contexto de generalizada inseguridad y de devaluación de la vida humana que se ha instaurado en el país, persisten y se multiplican los feminicidios en diversas entidades, así como los casos de explotación sexual, la violencia doméstica y los abusos contra menores que laceran tanto a ellos como a sus madres. Otro tanto ocurre con las progenitoras de los menores muertos en el incendio ocurrido hace nueve meses en la guardería ABC, en Hermosillo, Sonora, episodio en el que, hasta la fecha, las autoridades de los distintos niveles de gobierno no han querido o no han podido llevar a cabo el obligado esclarecimiento y la procuración de justicia para los responsables de esa tragedia. Y a esas madres privadas de sus niños por una situación atribuible a la imprevisión, la indolencia o la corrupción de funcionarios públicos, ha de agregarse a las que han perdido a sus hijos por efecto de la descontrolada violencia delictiva que azota al país, uno de cuyos momentos más atroces tuvo lugar en Ciudad Juárez, Chihuahua, a finales de enero pasado. En esa misma localidad, en los primeros días de este año, fue asesinada la activista de derechos humanos Josefina Reyes, sin que hasta ahora se haya dado un esfuerzo gubernamental creíble por investigar y sancionar su muerte.

En el terreno económico, las mujeres deben hacer frente, al igual que los hombres, pero con frecuencia en condiciones de mayor desprotección, al desempleo, la carestía y la caída del poder adquisitivo de los salarios e ingresos personales. Ello las afecta en diversas dimensiones: en su condición de amas de casa, en tanto que trabajadoras y, de manera particularmente acentuada, a las jefas de familia y a las madres solteras. Y si bien la falta de trabajo es un drama personal para ambos géneros, para el sexo femenino la pérdida del trabajo suele conllevar la disminución de la independencia y de la soberanía personal.

En lo que constituye una verdad a medias, en el mejor de los casos, las autoridades afirman que tanto el colapso de la seguridad pública como el naufragio económico responden a factores que se encuentran más allá de su control. No pueden argüir otro tanto, en cambio, ante los embates legislativos conservadores que, en casi una veintena de entidades federativas, han coartado los derechos de las mujeres, han criminalizado la interrupción voluntaria del embarazo y las han colocado en una situación de exasperante maternidad forzada. Suman centenas los casos de imputaciones penales contra quienes han decidido abortar, en lo que constituye una inadmisible sumisión de las leyes a la moralina hipócrita de los mandos religiosos, una abdicación del Estado laico y un atropello a las garantías individuales.

En tales circunstancias, los festejos oficiales por el Día Internacional de la Mujer se presentan como un acto de simulación y un gesto demagógico y mediático, y son, para las mexicanas, un agravio adicional a los ya mencionados.

 
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